148 no es un simple número

Acabadas las vacaciones, las cuáles han estado remarcadas por un silencio de los medios de comunicación y el nulo acceso a Internet, una se sorprende cuando a volver a casa lee en los periódicos lo sucedido en la Universidad de Garissa, Kenia, donde el 2 de abril alrededor de las 5.30 (hora local), varios hombres armados entraron haciéndose pasar por fieles que iban a rezar a la mezquita que se encuentra en el campus. Una vez dentro, detonaron una bomba para desatar el caos y abrieron fuego. Los asaltantes atacaron varias residencias de estudiantes. 148 han sido los estudiantes muertos y muchísimos más los aterrorizados y traumatizados que han vivido un horror que parecía nunca iba a acabar.

Yo busqué la noticia en Internet para enterarme con más profundidad de lo sucedido, y por despiste accedí a la web de un diario que por llevar en su nombre la palabra libertad pensé que haría un tratamiento serio y objetivo de lo sucedido, pero nada más lejos de la realidad. Hasta que tomé constancia de donde me había metido me dio tiempo a leer casi todo el artículo sensacionalista y manipulador. Por desgracia, peor es darte cuenta que ese tratamiento de la noticia no es un hecho aislado. Y es que hay quienes están deseando sentirse perseguidos y amenazados para poder promulgar libremente la aversión que siempre ha sentido con respecto a otra cultura o religión.

Que lo que ha pasado en Garissa tiene tintes religiosos es incuestionable, pero no nos engañemos, el fanatismo no sabe de religión, porque no se basa en los principios que su fe profesa, sino que utilizan y manipulan a ésta para que le den la razón. En realidad lo que impera en el fanatismo religioso es un interés por imponer el poder a través del miedo, el gran enemigo de la libertad. El poder, el poder es quien manda y quien decide, y los ejecutores o verdugos lo tienen mientras a quienes verdaderamente los manejan les interese.

Ahora ha sido en una universidad católica pero hace un año la misma secta islamista atacó en un centro comercial de Nairobi, dejando más de 70 personas asesinadas. Frente al vacío que han mostrado los medios por la noticia, Internet vuelve a ser una herramienta para dar voz a los acallados, así desde Ayotzinapa -universidad de México donde desde hace meses se reivindica la desaparición de 43 estudiantes en manos de los militares-, se hacen eco de estas muertes reivindicando en la distancia que se le ponga cara y nombre a cada uno de los cadáveres para que la muerte de los jóvenes no se reduzca a un simple número.

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Carmen Murillo

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