15M, pues uno no es imparcial, la verdad

Hola a todas y todos.

Lo reconozco, no soy imparcial. Normalmente, cuando veo a unos tíos uniformados, grandes como armarios, armados y acorazados, por un lado; y por el otro, gente que ni está uniformada, de constituciones variadas, desarmadas, normalmente me pongo a favor de los segundos. Sobre todo, porque son los que se llevan los palos. Y por que hoy son ellos y mañana puedo ser yo.

Reconozco que se me cayó una lagrimita el día que por la tele vi a un montón de obreros coreanos, en filas, ordenaditos, con su palo cada uno. Todos alineados detrás del que debía ser el baranda sindical. Éste negociando con el que el debía ser el otro baranda, el policial. No debieron llegar a un acuerdo los dos barandas, porque el sindical se volvió a su prietas filas y, a su señal, los obreretes comenzaron intercambiar palos con los no menos ordenanitos y armados policías. Al menos esta vez el partido estaba más equilibrado.

Reconozco que otra lagrimita se me cayó cuando vi, por la tele, a los obreros de Naval Gijón defiendo sus puestos de trabajo a pedradas con la policía. Esta claro que la especulación es menos peligrosa que los desórdenes públicos, al menos para los delegados del Gobierno.

Reconozco que mi parcialidad se vio reforzada durante la huelga general de 2002. Servidor formaba parte de un piquete constituido por un sacerdote, varias religiosas, unos cuantos miembros de una Comunidad Cristiana de Base y algunos militantes de la JOC. Supongo que olíamos mucho a cera, o se nos veía cara de buenas personas, pero el caso es que la policía no cargó contra nosotros. Más bien nos castigaron con el sarcasmo y la ironía. Un policía nos dijo que él estaba allí para defender el derecho al trabajo. Y se quedó tan ancho. Y nosotros, ¿qué es lo que hacíamos? Claro que cuando le recordamos los conflictos laborales que ellos, los de uniforme, tenían con el entonces ministro del Interior, Rajoy, al funcionario solo se le ocurrió contestarnos “que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”. ¡Qué jodio!

Reconozco que mi falta de parcialidad se vio muy reforzada al año siguiente, durante las manifestaciones contra la guerra de Iraq. Reconozco que aun no les he perdonado, en especial a Acebes, la carrera que me hicieron dar, para evitar sus gráciles porras y sus gomosas pelotas. Yo, que no doy una carrerilla ni para coger el metro.

Reconozco que mi falta de parcialidad puede tener un componente genético, reforzado por las historias que cuenta mi padre sobre la falta de empatía y habilidades sociales de la Guardia Civil de otras épocas, que confiaban más en la culata del fusil o en la contundencia del vergajo que en la fuerza de la palabra. Y es que los beneméritos de hace un tiempo, debían ser personas poco dadas a sutilezas como la dignidad de la persona, o la necesidad de alimentarse de quien rebusca aceituna o roba una gallina.

Reconozco la hilaridad que me produjo el hecho de que unos guardias civiles entraran a un juicio como testigos y salieran como imputados. Los amigos habían cargado contra un grupo de vecinos de Rivas, que protestaban contra una incineradora, y después de los palos, presentaron varias denuncias contra algunos vecinos, por agresiones. Entre otras, una ancianita de 83 años, menudita, que al decir del juez, no podría haber provocado aquellas lesiones que los guardias civiles denunciaban.

Una de las personas que más aprecio, que para mi es un testimonio de militancia obrera y cristiana, uno de mis amigos, es policía. A él le he oído varias veces referirse a la policía como un servicio público. Y creo que tiene razón, que la policía debería ser un servicio público. Pero viendo imágenes como las que se ven en youtube me cuesta creer que esos agentes estén velando por el bien común.

Un saludo.

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Dos Orillas

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