2023 (una nueva Iglesia, homenaje a Pedro Casaldáliga)

El desastre de la guerra en Siria, extendida por media Asia y África;  la interpretación torticera que del Islam hizo el denominado “Estado Islámico” junto a  las reacciones paranoicas y ultraconservadoras de los gobiernos occidentales; la insoportable crisis social provocada por un capitalismo salvaje… Se sucedieron muchas calamidades provocadoras, demasiadas, y ninguno  de sus instigadores pensaron jamás que algo así podría suceder. Pero yo tiendo a pensar que realmente fue la pobreza, algo conmovió profundamente a la humanidad creyente, quizás una mirada doliente hacia los hermanos que eran expulsados de sus casas y vagaban por desiertos y mares buscando sobrevivir. Sí, fue la pobreza, el dolor transmitido, el que desencadenó una imparable mundialización ecuménica que impulsó un cambio nunca visto.

El judaísmo, el cristianismo y el Islamismo se juntaron en un gran cónclave mundial en diciembre de 2021, al igual que otras iglesias más pequeñas,  tras dos años de encuentros en cada localidad y en cada país. Hubo una simpatía desconocida entre dirigentes y creyentes de “a pie”, quizás motivado por la cercanía de aquel papa de nombre Francisco y la valentía de muchos imanes y rabinos hartos de la confrontación. Cada encuentro giró en torno a aquel mensaje inspirado en el sacerdote y obispo catalán Pedro Casaldáliga: “No poseer nada, no llevar nada, no pedir nada, no callar nada, y de paso, no matar nada”. Esas negaciones generaron un nuevo modo de relacionarse y de ser Iglesia, inspiraron lo colectivo y un desposeimiento de todo lo accesorio que había acompañado estérilmente a las iglesias universales por siglos, hicieron que los creyentes reaccionaran y buscaran el cielo en la tierra. Aquella imagen en Jerusalén fue maravillosa, las iglesias del mundo reunidas, rezando juntas, llorando juntas y exigiendo un nuevo orden mundial. El manifiesto leído recordó más a un grito que a una declaración; las lágrimas regaron muchos lugares donde el dolor por la violencia interreligiosa había durado siglos.

La pobreza se convirtió en sinónimo de pureza. Las iglesias buscaron nuevas formas de ser comunidad, de cambiar la realidad. Y sobre todo no callaron nada, se acabó la connivencia entre las iglesias y el poder, se acabó el silencio para siempre y, sin embargo, nació el gran Silencio para sembrar la paz.

renacimiento

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Andrés García

voluntario de 2Orillas, participa de la columna de prensa "La otra orilla" y del programa de radio "Señales de Humo"

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