2030

Antes de cerrar el documento quiso echar un último vistazo. Era muy riguroso en su trabajo y siempre fue bastante escéptico. Por ello, cuando le encargaron la supervisión del Informe de Consecución de los Objetivos Mundiales para el Desarrollo Sostenible (ODS), pensó en renunciar. Sabía que sus jefes buscarían un informe condescendiente, de esos que gusta airear a los gobernantes para fanfarronear de su buena gestión. Y ser meticuloso y escéptico no ayudan a lograr ese tipo de informes. Pero lo que se encontró lo transformó. Podía afirmar, después de visitar 35 países, coordinar el trabajo de 3.000 investigadores, haberse sumergido en montañas de papel, pero también en los lugares más recónditos de manera sorpresiva…, que los ODS se habían cumplido.

odsLos capítulos del informe se correspondían con los 17 objetivos, y así fue cómo los fue repasando todos, disfrutando no tanto del buen trabajo realizado por el equipo como de su propia equivocación: a veces, las buenas intenciones se cumplen, se dijo: poner fin a la pobreza, al hambre, garantizar una vida sana, una educación de calidad para todas y todos, lograr la igualdad entre los géneros, garantizar la disponibilidad de agua potable, el acceso a una energía asequible y sostenible, promover el pleno empleo y el trabajo decente, dotar a todos de infraestructuras y tecnología inclusivas y sostenibles, reducir la desigualdad en y entre los países, conseguir que las ciudades y pueblos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles, garantizar el consumo y la producción responsable, combatir el cambio climático, conservar los océanos y los ecosistemas terrestres, promover la paz y la justicias y fortalecer las alianzas mundiales de cooperación.

Pensó que se podrían haber logrado más cosas si en el primer lustro desde la firma del acuerdo, en 2015, no se hubieran dado tantos retrocesos. Prácticamente todos los logros se debían al esfuerzo realizado desde 2020, precisamente el año en el que se daba todo por perdido, el año del colapso global, cuando parecía que la guerra y la destrucción se apoderarían de todo. Eso hizo tomar conciencia a la ciudadanía de su protagonismo, despidieron a no pocos gobernantes y vigilaron estrechamente a los que quedaron al frente. Y arrimaron el hombro. Para él esas eran las claves que entendían que se pudiera dar por cumplido un programa que sólo 15 años atrás parecía una locura.

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Javier Rodríguez

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