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IMG_8351Se apartó para que pasara el Tren Urbano. En ese mes las acacias coloreaban con fuerza. La Avenida Andalucía seguía siendo la más amplia de la ciudad. Aún recordaba cuando el tráfico la rodeaba, pero desde hace muchos años los procesos de peatonalización de Huelva la convirtieron en un referente de vía al servicio de los peatones, con carril bici, Tren Urbano y zonas multiuso. Y ningún vehículo a motor. Al principio mucha gente se puso en contra, pero el tiempo fue convenciendo a los más reacios, y Huelva se fue acostumbrando a tener esa gran columna vertebral sin tráfico, un enorme espacio peatonal alrededor de la cual se articulaba el resto de la ciudad, que progresivamente se fue peatonalizando también.

Los cambios siempre cuestan. Él era ya un hombre anciano, y le alegraba ver el giro que había conseguido dar aquella ciudad, gracias en gran parte a la movilización ciudadana, que fue capaz de soñar y convencerse de que era posible una ciudad verde, libre de humos, limpia, destinada al peatón, a la persona. Y aquella avenida de casi tres kilómetros fue un símbolo de los cambios que vinieron luego: se cerró al tráfico de forma puntual, luego se mantuvo cerrada un verano completo, y por fin se retiró el asfalto para sembrar árboles y trazar la línea del Tren Urbano. Y la gente entendió que aquello era viable, y, sobre todo, bueno para la ciudad.

Los transportistas, los taxistas, y la gente más aferrada al coche protestaron enérgicamente. Pero también comprendieron que una ciudad más peatonal era una oportunidad para ellos, que la apuesta por las ciudades sin tráfico era al mismo tiempo una apuesta por los medios de transporte colectivos. Se hicieron grandes aparcamientos en las afueras para recluir los coches de la zona urbana, y el autobús, el taxi, el tren tomaron fuerza, y terminaron su reconversión al motor eléctrico. También las bicicletas, los patines y las nuevas formas de movilidad personal, los segway, se convirtieron en una opción muy extendida.

Y todo esto en apenas veinte años, todo un logro. Pensaba en todo aquello sentado en el banco escuchando los pájaros, viendo pasar a sus vecinos arriba y abajo, y comprendiendo que hace unas décadas nadie hubiera creído posible un cambio tan grande en aquella Avenida Andalucía. Y se daba cuenta de que casi todo puede hacerse con la única premisa de creerlo posible. La gente, a fin de cuentas, es lo suficientemente inteligente como para reconocer lo que es bueno, lo que hace mejor la vida, lo que es sano y divertido.

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Gonzalo Revilla

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