2047

foto niñaPor fin. Suspiró aliviado cuando vio el informe. Llevaban muchos años esperando aquello, lo habían tomado como un objetivo en su departamento, y habían ido avanzando lentamente, con metas alcanzables y realistas, viendo los resultados en cuentagotas, con algunos retrocesos desesperantes, y luego nuevamente avances, todo muy lento, todo muy duro, más de 30 años de vida profesional dedicados a ese objetivo que hoy, por fin, veía reflejado en un informe sobre su mesa. Ahora que había llegado el momento no sabía muy bien qué hacer. Habrá que convocar una rueda de prensa, claro, los políticos querrán rentabilizar la noticia, se armará un revuelo importante, entrevistas… todo eso a ella le importa poco, incluso prefiere dejar que otros asuman el protagonismo.

El año 2047 se recordará, en Andalucía, como el primero en que consiguió erradicar la violencia de género. Ningún asesinato machista en todo el año, y un número de agresiones insignificante: un éxito sin precedentes fruto de un pacto global firmado tres décadas atrás, cuando la legislación, las declaraciones, la lucha policial y la sensibilización mostraron su impotencia ante la lacra creciente de la violencia de género. El número de mujeres muertas en todo ese tiempo había sido un losa sobre una sociedad que se pensaba igualitaria, que se creía moderna y civilizada, pero que enterraba cada año a decenas de mujeres, asesinadas de mil maneras brutales, o golpeadas e insultadas durante toda su vida.

Los grandes cambios se construyen con pequeños pasos: su departamento, dependiente de la Concejalía de la Igualdad, había trazado un ambicioso plan, se habían sentado con fuerzas policiales, con organizaciones civiles, con partidos políticos, habían limado las diferencias a base de poner encima de la mesa la única prioridad: erradicar la locura machista, al menos en su vertiente asesina.  Y se fueron dando pasos: mucha sensibilización en colegios, ninguna concesión en los tribunales, formación de los cuerpos de seguridad, aislamiento social de los comportamientos machistas, empoderamiento de las mujeres… la clave era la unidad de acción y el convencimiento que podría  lograrse. Luego las cifras fueron haciendo su trabajo. En otras comunidades habían adoptado medidas similares, y se avanzaba en común.

Y ahora tenía el informe encima de la mesa: cero asesinatos de género. Suspiró, ahora podía retirarse con la sensación del deber cumplido. Se tocó su cicatriz, un gesto que le había acompañado, como un revulsivo, todos aquellos años. Ni una más. Nunca.

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Gonzalo Revilla

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