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Querida Carmen: Hace mucho tiempo, hubo una época en la que las personas que amaban a personas de su mismo sexo eran vilipendiadas, golpeadas, encarceladas o asesinadas por mostrar en público su amor. Hoy a ti todo esto te parecerán batallitas del abuelo, pero es importante que, hoy que podéis mostrar vuestro amor en público sin necesidad de sentiros culpables, que hoy que podéis gritar a los cuatro vientos vuestro derecho a querer en una plaza llena de gente sin que pase nada… Es importante, decía, que no olvidéis que todo esto costó sangre, sudor y lucha; que había poderes fácticos y religiosos que perseguían a los homosexuales, que los condenaban al fuego eterno, que les impedían vivir legalmente juntos, que ponían trabas al amor y a la ternura, y que sólo la dignidad de estas personas, su tenacidad, su lucha consiguieron que la sociedad fuera entendiendo que amar es amar , independientemente de la opción sexual. Hoy veis por la calle a distintos tipos de parejas y no pasa nada, hace muchos años algunas de estas parejas eran insultadas, maltratadas, condenadas. Eran malos tiempos para la lírica.

Hoy los derechos son reconocidos, pero en esa época de la que te hablo, el movimiento LGTB tuvo que salir a la calle a reivindicar su derecho a amar sin reservas. Fueron años de lucha, cárcel, insultos y condenas. Las marchas del orgullo gay estuvieron prohibidas y las personas que amaban de otra manera a la establecida andaban escondidas en un metafóricoarmario del que sólo algunas decidían salir y hacer público su derecho a amar libremente, su derecho a la ternura, a una vida sin clandestinidad. Primero, gracias a esa lucha, llegaron los derechos, más tarde esos derechos se convirtieron en leyes y finalmente, la concienciación, la normalidad de los besos en lugares públicos, la normalidad de pasear cogidos de la mano, la normalidad del abrazo.

Hoy todo esto te parecerá un cuento, pero conviene no olvidar la historia, la línea que separa los derechos sociales, los derechos humanos, de la represión y la intolerancia es muy fina y antes, Carmen, de que te des cuenta puede romperse en mil pedazos. No dejéis que eso pase, seguid empoderando a la ciudadanía, seguid practicando la solidaridad, no cejéis ni un momento,. Fuera esperan agazapados los de siempre, los poderes financieros, el integrismo religioso, los intolerantes, los dictadores. No les deis oportunidad de volver al pasado…

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Dimas Haba

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