EDC y TTIP

Sé que no está bonito poner tanta sigla en un titular. Pero es que no cabría de otra manera. EDC hace referencia, en inglés, a Disruptores Endocrinos Químicos. Y TTIP al Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión que están negociando entre Europa y Estados Unidos. ¿Qué tiene que ver lo uno con lo otro? Vamos con los EDC: son sustancias que pueden afectar a diferentes glándulas hormonales, alterando su equilibrio en humanos y animales. Obesidad, problemas reproductivos y algunos tipos de cáncer son los efectos que señalan algunos informes. El Parlamento Europeo debería tener ya, desde 2013, una normativa al respecto, pero el lobby químico ha estado haciendo su trabajo y no hay nada hasta la fecha. Estos EDC los podemos encontrar en envases plásticos, sartenes, juguetes… hasta en los recibos de las cajas registradoras. Se calcula que entramos en contacto con más de un centenar de estos disruptores a lo largo del día. Un detalle que indica hasta qué punto esto es serio: está prohibido incluirlos en los biberones.

Ahora vamos con el TTIP: significa, de hecho, una oportunidad para seguir retrasando la regulación sobre estos químicos, que le cuestan a la Unión Europea, afirman varios estudios, más de 150.000 millones de euros al año en problemas de salud. Si el TTIP prospera se igualarían la normativa americana, muy laxa, con la inexistente normativa europea, y las empresas químicas podrían continuar con la fabricación de los EDC. Así, las recomendaciones de la OMS y la ONU seguirían siendo solo eso: recomendaciones.

Pero basta ya de tanta sigla. La cuestión es la de siempre: los intereses comerciales de las empresas se colocan muy por encima de la salud y el bienestar de los ciudadanos. Hemos llenado nuestro mundo de productos que dañan la salud y, de paso, decidido que es preferible ignorar los peligros que contienen. Todo por aumentar las ya abultadas ganancias de ciertas empresas, o más bien de un puñado de señores que inyectan dinero en lobbies para retorcer la soberanía popular en su propio beneficio.

Y lo peor: todo esto ocurre a espaldas de los ciudadanos, son cuestiones demasiado complejas, ajenas. En esos despachos en los que están negociando las condiciones del TTIP saben que juegan con ventaja, porque no miramos, porque no entendemos, porque cuestiones más domésticas hacen que obviemos estos asuntos globales. Aunque aquí esté en juego nuestra salud, nuestro bienestar, nuestra vida.

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Gonzalo Revilla

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