6 horas

Reducir la jornada laboral a treinta horas semanales. Es una reivindicación de la que, lo crean o no, no tiene la exclusiva ni la izquierda ni los sindicatos más progresistas. De hecho, en España una de las principales valedoras es la Asociación Española para la Racionalización de los Horarios de la que forman parte alguna cámara de comercio, círculos de empresarios o patronales varias. Estos argumentan desde su perspectiva: en la mayoría de los entornos laborales españoles se sufre el mal del “presentismo” -aunque estemos sin hacer nada no dejamos de estar presentes en nuestro puesto de trabajo-, además, la falta de conciliación con la vida familiar y el exceso de cansancio hace trabajadores menos felices y los trabajadores menos felices son menos productivos.

Esto no quiere decir que la patronal tenga la exclusiva de esta petición, de hecho parece que en la cultura empresarial española están demasiado bien asentadas creencias como que las jornadas laborales maratonianas son más rentables y la reducción de miras campa a sus anchas por muchas de las empresas españolas.

Para los colectivos feministas también es una reivindicación, puesto que comprueban cómo las jornadas laborales más largas afectan más a las mujeres que a los hombres. Y, por supuesto, también son partidarios de la reducción de la jornada laboral muchos economistas, sindicatos y movimientos de izquierda. Entre los primeros hay muchos que se aventuran a aseverar que una medida así, bien encauzada -sobre todo evitando que la carga de esto recaiga sólo sobre los trabajadores-, reactivaría la economía y, evidentemente, tendría un efecto positivo sobre el mercado laboral, reduciendo significativamente la tasa de paro. Desde los movimientos ecologistas se subraya el efecto beneficioso para el medio ambiente y, finalmente, los decrecentistas subrayan la mejora en la calidad de vida que supone trabajar menos incluso en el caso de que esto suponga ganar menos.

El municipio de Gotemburgo, en Suecia -podría ser más cerca, pero no, es en el lejano país escandinavo- va a poner en marcha un experimento que pretende comprobar si los efectos de la reducción de jornada a seis horas tiene los efectos que proclaman unos y otros y lo va a hacer comparando la diferencia que se produce entre un grupo que sí trabajará esas horas y otro que mantendrá la jornada de cuarenta horas semanales. A ver qué nos cuentan estos suecos.

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Javier Rodríguez

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