Abate Pierre

Se fue como vivió, pasando a un segundo plano cuando terminaba la batalla. Ha muerto en el silencio y en el olvido de las nuevas generaciones, porque ahora se olvida todo lo que no sale en la tele. Sintió la llamada de Dios a vivir con radicalidad el mensaje de Jesús entre los más pobres y, mirando a su alrededor, se le agudizó el ingenio. Sintió el frío de sus hermanos los indigentes que malvivían en las calles, y se lanzó a los medios para conseguir ayuda y solidaridad, creando la comunidad de los traperos de Emaus. Pero comprendió pronto que sin un compromiso de las instituciones era muy difícil salir de la beneficencia. Por eso entró en política y fue legislador en la misma Francia, tierra de la libertad y el laicismo (él que era cura). No se le cayeron los anillos por agacharse ni se contaminó por entrar en la legítima pugna política de la democracia. Pero su participación tenía un solo objetivo: transformar la legislación y conseguir medidas que facilitaran el acceso a un techo y una viida digna. Y salio de la política como hay que hacerlo, a su tiempo, con los bolsillos vacíos y la voluntad intacta de servir al bien común, y especialmente a los más débiles. Ahora que se acercan las elecciones municipales, convendría recordar estos ejemplos, porque de los otros ya hay demasiados.

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