Abstención y legitimación

EL pasado domingo, por desgracia, volvió a ganar la abstención. Es curioso que analistas, voceros y periodistas se centren en explorar el desplome del PSOE y el pinchazo no reconocido del PP, o el auge de los “hasta ahora” minoritarios y noveles, y que pasen de puntillas por el dato más relevante, el de los que desertaron de votar. Es cierto que la abstención, a diferencia del voto en blanco, no computa, no incide en la conformación de las instituciones, pero en las razones que empujan a la inactividad a ese 55% de vecinos puede estar gran parte de las claves para salir del estancamiento que nos ahoga.

Según un estudio del CIS, un 25,4% de las personas que deciden no votar afirman que no les convence ningún partido, y otro 18,6% piensan que su voto no servirá para nada. Del resto, la gran mayoría simplemente pasa, y una minoría, o no puede físicamente o ejerce su derecho a una “abstención activa”. En definitiva, una atonía ciudadana que es el principal síntoma de enfermedad de este sistema socioeconómico capitalista; una ingente masa de ciudadanos que no son sujetos activos de su propio destino y que delegan llenos de frustración, agotamiento o decepción. Mucha de la culpa de esa deserción la tienen los partidos mayoritarios, conscientes de que una participación masiva los hace frágiles, y también el empeño de muchos actores políticos en mantener un sistema antidemocrático, corrupto y generador de desigualdades. El ciudadano teme que quien ocupe un escaño se aleje de la realidad, se haga inmune a las normas que nos hemos dado y se preocupe más de perpetuarse que de los intereses comunes.

Ante este panorama estamos obligados a desarrollar cauces para la participación ciudadana, con propuestas y formas que inspiren. La tan reiterada reforma de la Ley Electoral es un asunto inaplazable, urge aumentar la representatividad de las opiniones de todos los que votan. Por otro lado, nuestros países e instituciones funcionan con una democracia de “baja intensidad”, sin participación directa de la ciudadanía y con unas Cámaras más consultivas que representativas, al servicio de intereses económicos. Esa imagen fija hay que cambiarla, hay que empoderar nuestras instituciones frente a intereses particulares. Al final conseguir movilizar a los abstencionistas será la primera tarea para legitimar las propuestas políticas, será el primer síntoma de ilusión y recuperación de los proyectos colectivos. No será cosa de dos días, pero es imprescindible.

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Andrés García

voluntario de 2Orillas, participa de la columna de prensa "La otra orilla" y del programa de radio "Señales de Humo"

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