Acampados

Son cuarenta personas y llevan más de un mes durmiendo en tiendas de campaña. No es que hayan decidido adelantar sus vacaciones de verano, ni tampoco que estén realizando jornadas de supevivencia. Duermen bajo un techo de tela en protesta porque su empresa, en la que trabajan, a la que le han dedicado sudor, tiempo y esfuerzo, les debe cuatro meses de sueldo. Esa empresa es una empresa onubense -Frutas Kiko-, que se dedica al transporte y a la venta de frutas. Es de San Juan del Puerto. Esas cuarenta personas durante estos meses que no han cobrado, sí han tenido que pagar las facturas de la luz, el agua y la hipoteca de sus viviendas. También han debido pagar alimentos, ropa, etc.

Esos cuarenta trabajadores no han podido decirle a la empresa distribuidora del agua o a la de la luz o al banco que no iban a pagar lo que debían. Si no hubieran pagado sus facturas, seguramente se hubieran quedado sin luz, sin agua, y sin casa. Sin embargo, la empresa que les debe las nóminas sigue existiendo, sigue disribuyendo fruta. Incluso tiene subcontratada a otra empreswa para que haga el trabajo que sus trabajadores no pueden hacer porque no les paga. Y no pasa nada. Bueno, sí pasa, pasa que la crisis afecta a los débiles, se ceba con ellos, los deja indefensos, a merced de ERES, ERTES o como queramos llamarle; desprotegidos por una reforma laboral que prima el despido de trabajadores y protege al empresario. Y ahí están, acampados, a merced del frío y la lluvia, luchando por un trabajo y por unas mejores condiciones de vida… Algo a lo que todos tenemos derecho, algo que es de justicia..

No muy lejos de allí, otros trabajadores de otra empresa onubense con apellido ministerial, se concentrarán dos veces por semana para reclamar sus salarios. Estos deben ser los signos de esperanza que el ministro Montoro veía al final del año pasado. Más paro, más despidos, más esclavitud, más pobreza, más desamparao para los que menos tienen. Mientras tanto otros como el antiguo responsable de Bankia consiguen cargos bien pagados en Telefónica o en consejos de administración de grandes multinacionales. Como siempre los poderosos siguen con su poder y los más desfavorecidos siguen siendo cada vez más pobres y más maltratados. Y eso que los iluminados decían que la lucha de clases ya no existía.

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Dimas Haba

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