Aceite de palma

Al estar presente en el 50% de los productos de bollería industrial, en productos de cosmética y belleza corporal, de limpieza del hogar e incluso en los nuevos “biocombustibles”, el de palma se ha convertido en el aceite más usado en el mundo y ustedes, conociendo como somos los de “La Otra Orilla” y como funcionan los temas que abordamos, habrán deducido que les voy a decir que la consecuencia de esa extensión del uso de este aceite no es nada buena.

Han acertado. Ya nos gustaría a las cinco personas que componemos este equipo y a la asociación que está detrás nuestra poder decirles: “Tranquilas, sigan llenando el depósito de su coche con ese combustible tan ecológico. Tranquilos, sigan maquillándose con ese pintalabios tan sensual. Tranquilos, sigan tomando todos los donuts que su nutricionista les permita. Continúen empleando ese detergente que deja la ropa tan blanca. Que no pasa nada, que seguir haciéndolo colabora con el desarrollo de países como Nigeria, Sierra Leona, Ghana… Que las explotaciones de palma permiten combatir el cambio climático…” Pero no, amigas y amigos, no podemos decirles eso. Bueno, sí podíamos decirlo, como hacen las grandes multinacionales que se están lucrando con este tipo de explotaciones, pero a nosotros no nos gustan esas mentiras y no hacemos esta columna para eso.

Podríamos no hablarles del acaparamiento de tierras africanas por parte de empresas de Asia, Europa o América que están dejando en la miseria a miles de campesinos, expulsándolos con engaños, violencia o malas artes de las tierras que laboraban, obligándolos a trabajar en las explotaciones palmeras en condiciones indignas y por sueldos paupérrimos. Podríamos obviar la deforestación salvaje y la ruptura de ecosistemas milenarios provocadas para facilitar la extensión de las tierras dedicadas a este cultivo.

También es cierto que ustedes pueden elegir no dejar que les “calentemos la cabeza”, dejar de leer u olvidar lo que dice este artículo porque “ya tienen bastante con lo suyo”, porque ya saben que la cosa está muy mala o porque no creen que puedan hacer nada. Pero si nos conocen saben que les vamos a decir que no es así, que en nuestras manos está el poder cambiar muchas cosas, que como consumidores y, sobre todo, como ciudadanos tenemos en nuestras manos poderosos instrumentos de transformación. Ustedes saben que, por ejemplo, nos referimos al comercio justo.

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Javier Rodríguez

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