¿Agua Ya?

maxresdefaultEn estos días estamos viendo una intensificación de la campaña de “Agua ya”, que reclama agua para el Condado. Desde esta columna queremos hacer algunos aportes, sabiendo de antemano que es como mover un avispero. Pero nos parece, por otra parte, que la simplificación de los mensajes deja importantes lagunas para que los ciudadanos puedan entender de qué va todo esto. Lo que demanda la Plataforma en Defensa de los Regadíos del Condado es un trasvase de agua en superficie desde el Guadiana para su uso agrícola. Agricultura intensiva de regadío, se entiende. Parece, leyendo los carteles de la Plataforma, que la agricultura de la zona, la sostenibilidad misma del Condado, depende de dicho trasvase.

Una de las consecuencias previstas de esta llegada de agua en superficie sería el cierre de los pozos ilegales (más de 1.000) que amenazan el famoso acuífero 27, ya seriamente dañado. Pero no debe tratarse de la mera sustitución del agua de pozo por la de superficie, al menos no es eso lo que trasladan los mensajes de la campaña. ¿Se pretende aumentar la superficie de regadío en la zona? ¿Se pretende mudar a otros productos frutícolas que precisan un consumo mayor de agua? Como vemos, el lema “Agua ya” es demasiado simplista en un problema cargado de matices e informaciones a medias.

Es razonable y legítima la demanda de los agricultores de poder vivir del campo. Pero todo lo concerniente al medio natural tiene unos límites que los marca el mismo medio. ¿Se puede poner una provincia entera en regadío? ¿Hay recursos hídricos suficientes para sostener una agricultura intensiva indefinidamente? En esto, como en tantas otras cosas, todo es cuestión de límites, de equilibrios. Pero las decisiones que tomemos hoy condicionarán el futuro de esta provincia, y de las generaciones venideras. Así que deberíamos tener una información más detallada, conocer lo que se esconde tras ese lema de “Agua ya”.

Tal vez sea el momento de revisar el modelo de explotación agrícola por el que esta provincia se ha decantado; encontrar esa proporción entre el regadío y el secano; limitar los agroquímicos; apostar por una tierra sana que siga dando frutos a largo plazo; encontrar, como decíamos antes, esos equilibrios que se han ido perdiendo. Nadie mejor que el agricultor para entender todo esto, nadie mejor que esos pueblos que han vivido tradicionalmente de la explotación de la tierra para buscar una fórmula que mire el largo plazo, que sirva para nosotros y para los que vendrán mañana. Precisamente porque nos jugamos mucho deberíamos medir bien las decisiones.

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Gonzalo Revilla

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