¿Ahora?

Por fin ella le dejó de hablar de economía y política. Desde el día en que la intentó hacer desistir de su interés por esos temas, hará más de 30 años, y ella le cantó las cuarenta, no había vuelto a intentar que ella se dejara de meter en todos los fregados: en todas las manifestaciones, en todas las huelgas, en todas las discusiones familiares con sus hermanos, que estaban en las antípodas ideológicas de aquella mujer de la que se había enamorado por su vitalidad y por su inteligencia, pero de la que nunca terminó de gustarle ese “compromiso político”, como ella decía. Sus amigos se burlaban en el bar de él: “Calzonazos, tu mujer con la política, y tú, ¿qué, con el “Hola”?”, había tenido que aprender a cocinar, a cambiar pañales, a planchar… cosas que no contaba en el bar porque los de su generación casi ni sabían que esas cosas se hacían, pero a él no le importaba; comprendía que las tareas domésticas eran cosas de todos los que vivían bajo el mismo techo y eso le parecía justo. Pero lo de la política lo llevaba realmente mal, apenas era capaz de disimular su desinterés por las conversaciones sobre las elecciones, la izquierda y la derecha, la corrupción y el servicio público, las autonomías y el centralismo. Él era de los que le preocupaba más lo cercano: su familia, sus amigos, su huerta… y recibía con más alarma el anuncio de las vacaciones por parte de Fernando, el del bar, que los anuncios de las medidas del gobierno por parte de la vicepresidenta los viernes.

Fue a partir de aquel domingo en el que murió el cantautor ese al que ella adoraba. Había pasado algo con Grecia que él no lograba entender porque apagaba la tele cada vez que hablaban de un tema que le aburría soberanamente. Ella abatida le dijo: “tienes razón, todo da igual, van a hacer con nosotros lo que quieran las empresas alemanas, lo dejo”.

Unos días después varias notificaciones lo sobresaltaron: uno de sus nieto no podía seguir estudiando porque le habían denegado la beca, a su hija Antonia le había llegado la notificación del desahucio y a su Ramón lo habían despedido sin indemnización, a él le habían denegado la pensión porque había cambiado la legislación y a su tía un tratamiento para su enfermedad crónica. A Luis le habían multado por poner una placa solar en su casa…

Intentó convencerla para que lucharan contra todo eso pero ella, como ausente, lo miró y le dijo: “¿ahora?”.

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Javier Rodríguez

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