Alarmas que ya no alarman

sobre-explotacion-pesqueraLas señales de alarma están para alarmar. Si nos salta una mientras conducimos nos inquietamos, buscamos el libro de mantenimiento, llamamos al taller… Si nos saltan varias al mismo tiempo detenemos el coche. Por eso son señales de alarma. El Planeta también tiene señales de alarma, que saltan cuando algo no va bien. Lo lógico sería buscar las causas, preguntar, resolver el detonante. El Planeta está lanzando muchas señales de alarma: calentamiento global, contaminación de acuíferos, extinción de especies, basura espacial… la lista es larga. Nadie sigue circulando con su coche con tantas luces de alarma encendidas. Pero sí que seguimos circulando por esta galaxia nuestra con cientos de luces de alarma encendidas, y apenas nos inmutamos.

Hablemos de una de esas alarmas: los caladeros. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha sacado un informe. Demoledor. Los caladeros están al límite, si seguimos sacando peces del mar de la manera salvaje en que lo hacemos pronto no habrá peces que sacar. Así de sencillo. Debería preocuparnos eso. Digo yo. Un tercio de los recursos pesqueros están sobreexplotados, es decir: sacamos del mar mucho más rápido de lo que pueden reproducirse, de manera que, siguiendo este ritmo acabaremos con esas especies.

Del resto, hasta un 58% está al 100% de su capacidad. Somos, la especie humana, depredadores insaciables, y hemos convertido el Planeta en una despensa enorme, sin un mínimo criterio de sostenibilidad. Queremos tener las estanterías de nuestros centros comerciales rebosante de comida, mucha de la cual no consumiremos, pero queremos tenerla ahí: es parte de nuestro modelo productivista, tener disponible, aunque no lo necesitemos.

Para que estas alarmas no nos alarmen necesitan de nuestra ignorancia. Necesitan que los ciudadanos lean o escuchen los peligros que acechan a los caladeros, y no se inmuten. Como esa alarma que salta en la calle, en algún local del barrio, y nadie se levanta para asomarse a la ventana, para comprobar el alcance de la amenaza. Tal vez cuando nos hagamos conscientes del problema ya sea demasiado tarde, ya no hay peces en el mar para nuestros hijos, nuestros nietos. Pero entonces no podremos decir que nadie nos avisó, porque desde hace muchos años organizaciones ambientalistas como Greenpeace o instituciones internacionales como la FAO nos han detallado la gravedad del problema de la sobre-explotación pesquera. La ceguera es cosa nuestras.

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Gonzalo Revilla

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