Alarmas

Un menor de 11 años abusando de dos niñas de 5 es una alarma sonando a toda leche en el mismo tímpano social, sin duda. La expulsión del menor del Centro es la primera reacción: apaguemos la alarma. Pero eso, evidentemente, no basta. No es el primer caso: los menores vienen teniendo comportamientos que sobrepasan la calificación de gamberradas. Pero no queremos ir al meollo del asunto: los abusos, las palizas, el destrozo de mobiliario urbano, las agresiones a ancianos, la violencia en las aulas, todo eso está siendo consentido y promovido entre lo menores por la misma sociedad que luego los condena y los estigmatiza. Sus comportamientos nos son normales porque su proceso educativo está siendo alterado, dinamitado desde la televisión, los videojuegos o Internet. Sin apenas control real. Es grave, lo sabemos, pero nos mostramos incompetentes para reaccionar. Por eso, cuando salta alguna alarma, nos limitamos a taparnos los oídos, o en todo caso corremos a apagarla, sin ninguna intención de averiguar por qué salto. Y así nos va. Y nos irá.

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Gonzalo Revilla

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