¿Algo que celebrar?

Se cumplen treinta y cinco años de la aprobación en referéndum de la Constitución Española. Mientras los organismos oficiales realizan actos encaminados a la celebración del cumpleaños, desde esta columna queremos reflexionar si, en estos momentos de paro y miseria, de desmantelamiento de los servicios públicos, hay algo que celebrar. Fueron muchos y muchas los que acogieron con entusiasmo el advenimiento de la democracia en nuestro país, pero treinta y cinco años después, queda la duda si fue algo parecido a esto que tenemos hoy el motivo de su lucha y su alegría. Nuestra carta magna habla de que nuestro Estado es un Estado democrático y de derecho. Así reconoce en su artículo 35 el derecho de todos los españoles al trabajo, a la libre elección de su oficio y a una remuneración digna. También reconoce la no discriminación sexual. El paro alcanza al 25 por ciento de la población. Los salarios son de los más bajos de la Unión Europea y muchas mujeres cobran menos que los hombres por el mismo trabajo.

El artículo 47 reconoce el derecho a una vivienda digna y adecuada y habla de que los poderes públicos deben promover las condiciones para hacer efectivo ese derecho, regulando la utilización del suelo para impedir la especulación. En nuestro país se ha privatizado el suelo público y se han producido más de cuatrocientos mil desahucios desde 2008. Asimismo en el artículo 39 se dice que los poderes públicos asegurarán la protección jurídica, social y económica de la familia; en el 82 por ciento de las viviendas desahuciadas vivía al menos un menor de edad. Más aún, en el artículo 128 se dice también que toda la riqueza pública, sea cual fuese su titularidad, está subordinada al interés general, cada ciudadano ha aportado a la banca privada para su saneamiento 1846 euros y se han privatizado, a lo largo de estos treinta y cinco años, las empresas públicas más rentables.

No parece que realmente sirva para mucho esta Constitución cuando se incumple sistemáticamente en lo que hace referencia a los derechos de los más empobrecidos. La Carta Magna también reconoce el derecho a la huelga y a la manifestación. El ministro de interior pretende, junto a su partido, recortar ambos derechos para dejar a la ciudadanía en manos del miedo y la resignación. No parece que haya mucho que celebrar, más bien nos queda mucho por lo que luchar y temo que esta lucha va a ser larga.

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Dimas Haba

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