Alternativas hay …

En esta primavera van a cumplirse doce años de una exposición sobre la cárcel, que durante un mes pudimos recorrer por las instalaciones de la Facultad de la Merced, que nos plantaba quijotescos sueños en los que, desde la consciencia de que la dirección que tomaban las políticas penales y penitenciarias no caminaba más que hacia el sufrimiento gratuito y en dirección contraria a la solución de problemas como el de la violencia, las toxicomanías o la delincuencia -así, en general-.

En aquel momento, efectivamente, el plantear la desaparición de un sistema como el penal o el penitenciario, el cuestionarlos siquiera, hacía tambalear las convicciones de más de uno. Desde ahí las alternativas que se plantaban parecían utopías lejanísimas.
Sin embargo, la dirección que ha tomado la sociedad ha dado la razón a muchas de aquellos sueños: ya se habla con cierta naturalidad de cumplir condenas en centros de tratamientos para las adicciones -aunque quede mucho camino por recorrer-, a diario se conocen sentencias de jueces de menores que proponen planes de alfabetización, curiosos trabajos comunitarios -el último que se conocía; un chaval que agredió a una árbitro tuvo que ponerse en el papel de este, arbitrando un partido- incluso se plantea, desde entornos nada sospechosos, el diálogo como solución al terrorismo de ETA.

Es cierto que los gobiernos siguen utilizando las penas meramente represivas con mucha ligereza, que la cárcel se convierte habitualmente en solución a cualquier tipo de conflicto social -hasta las muertes en accidente de tráfico parecen poder solucionarse antes con condenas en prisión que con limitadores de velocidad en los automóviles-, que el inútil empeño por luchar contra el tráfico de drogas desde la vía penal mantiene las prisiones saturadas (superamos ya las sesenta mil personas presas), que las cárceles siguen respondiendo a aquella brillante frase: {En estos muros malditos, no se condena el delito, se condena la pobreza} y la última prueba está en que si en los últimos cinco años la población penitenciaria ha aumentado en quince mil personas la población inmigrante encarcelada ha pasado de cinco mil a quince mil, con lo cual representa el 66% de los nuevos encarcelamientos.
Una de las alternativas que se está planteando como solución a los conflictos y que cada vez está teniendo más presencia en distintos ámbitos de la sociedad es la mediación. Una alternativa que, llevada a buen puerto logra dejar satisfechos a todas las partes implicadas en una confrontación; se está hablando de mediación en el ámbito familiar, en el ámbito escolar, mediación cultural, …, y se habla de mediación penal y mediación penitenciaria.
Pronto tendremos la oportunidad de profundizar en el tema en el [{{ESFORCA a->http://www.caritashuelva.org/iphp/spip/article.php3?id_article=7.]}} con una compañera de la Asociación Apoyo, de Madrid, que lleva años trabajando en una experiencia de mediación penal. Y tal vez vaya siendo el momento de que proyectos de este tipo lleguen a nuestro entorno.

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Javier Rodríguez

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