Amor, no más.

Asistí a una boda el otro día. Expresaron su amor con contundencia, sin resquicios. Estaban muy guapas las dos. Y las dos eran mujeres de fe, profundamente religiosas, comprometidas, activas. Imagino que han visto cumplirse un sueño: unir sus vidas ante la sociedad, declarar públicamente su amor. Pero imagino igualmente su frustración por no poder hacer esto mismo en un marco religioso, poniendo a Dios por testigo también es ese momento crucial de sus vidas. Lo siento, pero no puedo imaginar a mi Dios poniendo un solo impedimento a la declaración de amor de aquellas dos mujeres, no puedo imaginarlo censurando, gruñendo o volviendo la espalda. La ceremonia no se hizo en un templo, no hubo ningún sacerdote oficiando. Pero estoy absolutamente seguro de que el Dios de los cristianos, igual que todos los cristianos que allí estaban, dieron su visto bueno, asintieron con admiración, y desearon el mejor futuro posible para aquella pareja que declaraba su amor. A veces sólo hay que observar la vida, y tratar de tener la mirada limpia, para eliminar los peores prejuicios, para derrumbar la más enrevesada teología moral, para descubrir lo esencial, lo incuestionable. Se quieren, sin duda. Han crecido en el seno de una Iglesia que las enseñó a amar. Su compromiso es personal, pero también evangélico. Poner objeciones es enfrentarse a los más sagrado, a lo más medular de la condición humana. Amor, no más. Ni menos.

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Gonzalo Revilla

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