Apadrinémonos a nosotros mismos

Ayer escuché en la radio una de las cuñas publicitarias que más me han impactado en la vida. No he conseguido recordar de que entidad se trataba pero en el anuncio la voz de un niño decía que ya no iba a tener más miedo, porque por fin el hambre iba a enfrentarse a alguien de su talla y tras esto una voz adulta acababa invitándonos a apadrinar.

Y me ha resultado duro, muy duro el hecho de tomar de pronto y de sopetón consciencia de cuanto hemos retrocedido, tanto que nuestros propios niños y niñas vuelven a ser protagonistas de campañas de apadrinamiento, esas mismas que hasta ahora habían estado destinadas a la infancia de países en vía de desarrollo y que cada vez iban teniendo menos protagonismo (hasta que llegó la crisis) porque por lógica se iba viendo la necesidad de plantear otra metodología de cooperación menos dependiente. Pero no dejo de preguntarme, por dios santo, ¿qué hemos hecho con todo lo avanzado, con toda la bonanza, con todo lo aprendido del pasado, con tanto capital humano, tanta investigación, tantos análisis sociales, tanta reivindicación de los derechos humanos y tanta educación en valores…? ¿Donde están los frutos, no los hay?

¿Qué hemos hecho mal para que tanto desaparezca de pronto y nos quedemos indefensos y a la intemperie? Y no me refiero a la crisis económica, me refiero a toda esa realidad que esta dichosa crisis está dejando al descubierto. Esa incapacidad para reaccionar, para replantearnos nuestro imaginario social y abandonar este sistema que se ha empeñado en invalidarnos para ser protagonistas colectivos de nuestro presente y futuro. Porque pensémoslo, un sistema de poder permanece mientras tiene sobre quien ejercer tal poder, en el momento que no tiene a quien, tal sistema estará abocado a la autodestrucción. Y esto es matemático.

Rescate a los Bancos, corrupción, desviación de fondos, concertinas, inflación, desempleo, índice de pobreza, desahucios, malnutrición… ¿Necesitamos más pruebas del abuso de poder de este sistema? Abandonemos esta dinámica, reconfigurémonos, apadrinémonos a nosotros mismos para poder hallar el valor de la emancipación, reinventemos nuestro sistema de convivencia, supervivencia, intercambio y relación. Creemos sistemas más horizontales y asamblearios, creamos en el poder del colectivo. Recuperemos de una vez lo importante y mandemos a la mierda este sistema que nos anquilosa en la injusticia y nos impide reaccionar cuando se obceca con los más vulnerables .

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Carmen Murillo

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