Aprendiendo a decrecer

Este fin de semana que acaba de pasar se ha celebrado en Sevilla el III Encuentro de redes e iniciativas Decrecentistas y Transicioneras. Una convocatoria a nivel nacional que ha contado con la participación de más de trescientas personas. Para los que les coja de nueva la palabra, diremos de forma simple y rápida que hablar de decrecimiento es hablar de desandar, desaprender, deshacer,… los modos aprendidos en nuestra relación con el mundo.

El decrecimiento no propone una respuesta agresiva ante el sistema de consumo, se trata más bien de una propuesta de abandono de dinámicas viciadas de consumo y de formas heredadas de pensamiento y de la creación de nuevas vías alternativas, más sencillas, más locales, más solidarias, más éticas y eficaces. Como defiende Carlos Taibo, a través del decrecimiento se apuesta por el cambio de valores para implantar aquellos que apuesten por la vida social, el altruismo y la redistribución de los recursos frente a la propiedad y el consumo ilimitado . Con ello, el dinero sería valorado como una herramienta y no como un fin, el trabajo estaría enfocado más hacia el servicio del común y la autorrealización personal, no sería ni obsesivo ni esclavo, y el ocio tomaría una connotación muy diferente.

Y así es como se ha organizado y desarrollado este III Encuentro. Para los desplazamientos se ofrecieron varias redes para compartir coche. Las personas que venían de fuera eran acogidas en las casas de los participantes de la red de decrecimiento de Sevilla, los talleres y charlas se realizaron entre las instalaciones de un colegio público y algunas cooperativas. Las comidas se hicieron en el Centro vecinal “El Pumarejo”, una casa ocupada en el céntrico barrio de la Macarena que desde hace más de seis año es el centro social de múltiples iniciativas. Y lo más bonito y anecdótico es que la falta de euros no era un problema para asistir porque se recomendaba que en la medida de lo posible todos los gastos fuesen pagados en Pumas, la moneda social asociada a la casa. Esto es posible gracias a que existe una plataforma de intercambio a la cual están asociadas una gran mayoría de monedas sociales mundiales y que permite la libre circulación entre todas ellas.
Anecdótico, ¿verdad?, un convocatoria y una coordinación creativa de andar por casa para más de trescientas personas, una predisposición a la búsqueda y empeño de un mejor ahora para todas y todos.

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Carmen Murillo

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