¡Arriba la política!

La conversación pública y privada está plagada de miedo y de economía. No tengo dinero, no me llega, no sé qué hacer, recorto o me arrodillo para conseguirlo. No podemos seguir por este camino, urge cambiar nuestra forma de pensar guiada por la economía para volver a la conversación pública llena de ética, en definitiva volver a la política. Hay, por otro lado, muchos valientes que han dejado de replegarse para salir a la calle y reclamar un modelo social y estatal diferente. El mes de septiembre ha estado plagado de ejemplos, en la retina los pasados 25 y 29 con muchas personas a las puertas del congreso para reclamar un nuevo proceso constituyente. Allí han repudiado a muchos de los representantes políticos, que estaban a uno y otro lado de la valla, quiero leer entre líneas ¡queremos más política y menos mercaderes! pero ojo con los populismos, terminan haciéndonos decir lo que no queremos. Es diferente decir -no quiero políticos- a decir -cambiemos la forma de hacer política-. Yo me sumo a esto último, sin políticos sólo hay ejército, y el ejército sólo conoce una forma de hacer política: el despotismo.

Por desgracia somos gobernados por senadores y diputados que no transmiten confianza ni convicción, y de su mano pasamos a perder confianza en nuestras instituciones. Empezamos desacreditándolos, y después nos entra la tentación de echarlos o, como vemos últimamente, hasta de derribar el sistema. A mí también se me ocurre, y probablemente asistiría a cualquier manifestación en claves de cambiar las reglas del juego, pero ¿cómo hacerlo? En el hipotético caso de que arrastrásemos a la mayoría a un frenesí público que consiguiera deponer el gobierno: ¿hacia dónde iríamos sin un movimiento político paralelo que recoja el entusiasmo social y construya un nuevo marco de convivencia?, ¿cómo vamos a vencer a nuestras aspiraciones individuales sin un movimiento colectivo que nos enseñe dónde está lo prioritario?

Esta crisis mentirosa está sacando a la calle a los ciudadanos desprovistos de las certezas de otras épocas, cansados de la pobreza moral y política que nos guía al abismo. Pero es fundamental hilar un discurso político que aúne las diferentes reclamaciones ciudadanas, y empiece a nombrar claramente a las víctimas y a los culpables, el ciudadano normal y las élites económicas. Está por ver cómo se escribe este nuevo ideario político, habrá que apelar a la solidaridad y al bien común, pero es evidente que sin política no habrá después, sólo cansancio y porras.

De la fragmentación de los movimientos sociales hay que pasar a la unión bajo el discurso político, lleno de políticos pero sin partidos que capitalicen sino que se sumen. Renunciar a la política nos dejaría sin futuro ¡Arriba la política!

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Andrés García

voluntario de 2Orillas, participa de la columna de prensa "La otra orilla" y del programa de radio "Señales de Humo"

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