Assange

Supongo que es un desahogo agostí lo que aquí escribo. Creo, sé que esto algo bajo de moral. Los motivos deben variados. Supongo que tiene que ver el hecho de que al puesto que quiero, dentro de la entidad en la que trabajo, le han salido varios candidatos con mayores posibilidades que yo. Supongo que me afecta el hecho de que mi jefe, que me valora y me ha propuesto para ese puesto, me encargue planificar cosas que no llegaré a desarrollar. Supongo que me afecta el calor madrileño, la sensación de que no le queda mucho para crujirse a mi rodilla derecha. También debe pesar lo suyo el que mi mujer y mis hijos estén en el pueblo, haciendo que mi casa parezca una oficina, como en la canción de Sabina. Pesa también lo suyo el que el trabajo práctico que tengo que hacer para acabar el postgrado de orientación laboral, no avance. Me falta motivación, pero es que con las cifras de paro que manejamos por aquí, difícilmente sirve de nada orientar laboralmente a nadie. De hecho, conozco gente que ha pasado de ser orientador laboral a parado, al término de los proyectos en los que trabajan.

Me remata El País, en el que aparece un artículo sobre los “yukis”, una nueva tribu urbana de moda, a la que no pertenezco. Como no pertenecí a los JASP (jóvenes aunque sobradamente preparados, parados ahora supongo no sin cierta malicia), ni a los yupppis, ni a la gente guapa. La biología, la historia y uno mismo, hicieron que no tuviera más opción que ser deeso tan desalentador hoy día llamado clase trabajadora.

Ya me asaltaban todos mis fantasmas, todos aquellos y aquellas que me han derrotado sentimental, laboral, política e, incluso, estéticamente en mis casi cuarenta años de vida. Desde Aznar hasta Bob Esponja, pasando por esa chica que me dejó diciendo que era lo mejor para los dos (supongo que a ella le estoy algo agradecido, porque gracias a ese fracaso conocí a mi mujer).

Con ese peso, decidí bajar a cenar al kebab de la esquina, en la terracita. La televisión vomitaba una entrevista a Paul Auster, que el ruido del tráfico y una televisión mal ajustada hacían inviable de escuchar. Cuando la entrevista dejó paso a las noticias, hubo una que no necesité oír para entenderla: el gobierno ecuatoriano concedía asilo a Assange. E, ingenuamente, he pensado en lo bello que es que David, que responde al nombre de Ecuador, le ha dado una colleja a Goliat. Luego le he cerrado la puerta a pensamientos menos bonitos, como que Correo no habría hecho esto sin el apoyo de Venezuela, China y todos los malos que en el mundo son; que al gobierno de Ecuador no le interesa nada la libertad de prensa y si darle una patadita a los EE.UU,, … lo dicho que les he cerrado la puerta, y me puesto a escribir esto recordando cosas bonitas, como el día que me contrataron en mi entidad, el día que conocí a mi mujer, el nacimiento de mis hijos, el calor de Jaén con un tinto de verano en la mano,…

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