Asustados y rentables

Nuestros portones blindados nos protegen más de nuestro propio miedo que de posibles ladrones, de la misma manera que las vallas en Ceuta y Melilla sirven más para alejar nuestros fantasmas que para evitar que entren inmigrantes. Los millones de euros invertidos en seguridad privada no están haciendo una sociedad más segura, porque para mantener ese negocio se precisa que la gente tenga miedo, no que deje de tenerlo. Paradojas. Nos convencen de que el asalto a una mansión en una urbanización privada es una amenaza generalizada, y casi nos hacen olvidar que la mayoría ni tenemos mansiones ni vivimos en urbanizaciones privadas. Genera más inseguridad social el desamparo de derechos fundamentales como el trabajo o la vivienda que los robos que ese desamparo provocan. Las mafias son una realidad, seguro. Pero sobre ella se construye todo un discurso del miedo. Una sociedad asustada es tan manipulable como rentable, y en esas estamos. Tenemos dos opciones: creer a los que meten miedo y venden seguridad, y entonces será cuestión de ir haciendo más altos los muros, más estridentes las alarmas, más blindados los portones. O podemos repartir la tarta, generalizar derechos y equilibrar las diferencias, construyendo así una seguridad más global, más real, más ligada a las verdaderas urgencias y preocupaciones de la gente de a pie. Con el miedo, creo, no llegaremos ni lejos ni cómodos.

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Gonzalo Revilla

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