Atados

Dejaron lo que estaban haciendo y se fijaron en mí. No crean que es muy habitual que en un banco te traten con esmero si no llevas una cuenta suculenta como respaldo, pero debió ser mi comentario en público lo que atrajo la atención de los empledados, incluida la directora de la sucursal. Me limité a comentar: “dicen los de la competencia que van a suprimir las comisiones”; al instante me sacaron de mi error porque, si de algo saben los bancarios, es de comisiones. Me aseguraron (no sé si será verdad) que esa publicidad de una conocida entidad bancaria española no era para tanto y que tenía su letra pequeña. Vamos, que al final lo que no cobran de una manera lo cobran de otra, siempre con la condición de quedar atados domiciliando nuestras nóminas y recibos. Y yo que pensaba que iban a tener razón los neoliberales, con eso de que la libre competencia era la madre de todas la bondades económicas. Pues no, que la libertad está muy bien como posibilidad pero con el dinero no se bromea. Y para colmo de ataduras: las hipotecas. Cuando ya nos mentalizábamos de que íbamos a estar atados de por vida a una de ellas (no hay mayor índice de inserción social que ésta), resulta que ahora las van a heredar nuestros hijos. Ni la edad ni la muerte es límite ya para una hipoteca; eso sí, con “garantías”.

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Dos Orillas

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