Ay, el buenismo

El buenismo es ese mal que se ha apoderado de mucha gente de bien, que en su dar o darse son de todo menos gratuitos. Las y los buenistas son esas personas tan volcadas en sus labores humanitarias que no necesitan nunca pararse a sopesar las consecuencias de sus actos. Son esas personas que se enfadan si al final su obra (sea cosa o persona) no les sale como esperaban, porque ellos lo dieron todo supuestamente por nada.

El buenismo no es germen de liberación, no pertenece a esa generación más evolucionada de luchadores por el cambio, porque se cobran un precio, la dependencia de sus beneficiados. El buenista suele saber lo que es mejor para las personas a las que ayuda y la mayoría de las veces hasta se permite obligarlas a que entren por su aro. Este buenismo tiene un origen religioso, ser buenos ante Dios, sin pararse a cuestionar siquiera si tales actos no contradicen las bases y principios de la fe que profesan. Pero también hay buenistas ateos o incrédulos que en su necesidad de sentirse bien consigo mismos pasan a jugar con las mismas bazas sin que ello les genere una crisis de identidad.

El buenismo es asistencialista, sólo le importa paliar los síntomas del mal, pero ni le incumben, ni se plantea siquiera analizar y luchar por los verdaderos motivos que generan las desigualdades. Y a los buenistas le conviene no hacerlo, porque al entrar, ver y analizar, probablemente sus confortables vidas entrarían en crisis y se darían rápidamente cuenta de que la solución pasa justamente por ser alteradas. No cualquiera puede ser buenista, para ello existe un requisito, tener cubiertas las espaldas.

Yo por buenismo he visto cometer muchas atrocidades: dar un donativo suculento a un drogodependiente, acoger en un grupo a una persona homosexual con la firme convicción de poderlo curar, mandar ayuda humanitaria y fondos de cooperación a países en vía de desarrollo a cambio de poder exportar su materia prima o a cambio de armamento. En el mundo del buenismo el objetivo, ayudar a la persona, pasa a convertirse en el medio, yo ayudo a las personas para sacar un beneficio, y la mayoría de las veces este beneficio es sentirme bien. Y en este caso el orden de los factores sí altera totalmente el producto.

Ahora que se acercan las navidades y todos nos volvemos más tiernos, tengamos presente que más importante que sentirnos bien por lo que hemos hecho es sentirnos bien por la certeza de haberlo hecho con plena conciencia.

The following two tabs change content below.

Carmen Murillo

Latest posts by Carmen Murillo (see all)

You may also like...

1 Response

  1. mwenosdias@minombre.es' Manolo dice:

    Curiosamente, Carmen, las dos únicas veces -antes de leer tu artículo- que he oído criticar al buenismo ha sido, en momentos y lugares distintos y lejanos de aquí,:

    – a una mujer de buena fe que trabajaba como voluntaria en algo de una cárcel (“no hay que ser
    buenistas, son malos, malos”, más o menos textualmente);
    – a un funcionario de prisiones, jubilado, falangista, que fue compañero mío de colegio y que me vino a
    decir prácticamente la misma frase.

    Supongo que su relación con los presos les tenía marcados, pero no creo que hicieran sus comentarios desde la misma óptica que tú. Creo que ninguno de ellos es religioso. Una vez más, la complejidad del mundo se me manifiesta.

    Saludos.

Deja un comentario