Ay, qué calor…

Qué calor, hija, vaya noche que he pasado. De mañana no pasa que compre el aire acondicionado, ya se lo he dicho a mi marido. Sí, pero luego hay que tener cuidado con lo que gasta, yo solo lo pongo cuando no puedo más, que luego el susto del recibo de la luz sí que te deja helá…. Antes no pasaba esto, con un ventilador y bajando las persianas a la hora de la siesta pasábamos el verano…

Se desahogan mis vecinas como si la conversación las protegiera del termómetro y las asfixias compartidas alejaran preocupaciones. También se preocupa la ONU porque no sabe qué hacer con la ola de calor: la que hemos sufrido estos días, que ya va camino de Centroeuropa, y las sucesivas, pues en el futuro las habrá cada vez más frecuentes e intensas como consecuencia del cambio climático. La abultada cifra de muertos cada vez que las temperaturas extremas arrasan el continente ya va siendo tan habitual como la de los accidentes de tráfico.

No salgan a la calle en las horas más calurosas, beban agua, lleven ropa ligera… Los consejos ayudan a la gente a sobrellevar lo inevitable. Y luego está el aire acondicionado de mis vecinas, cómo no, que es la pescadilla que se muerde la cola: más gasto energético, más combustibles fósiles quemados (en España son la fuente principal de producción eléctrica), más efecto invernadero, más olas de calor como consecuencia del cambio climático. Y vuelta a empezar.

Llama la atención que ni siquiera la propia ONU, que es la que insta a crear sistemas de protección ante el clima, cuestione las causas de las olas de calor, en lugar de dedicarse a poner parches. Todo el mundo calla y procura resguardarse, del calor y de la civilización sinsentido que origina sus efectos desmedidos. ¿Quién se atreverá a reaccionar, quién llegará con medidas concretas y reales a la Cumbre de París en diciembre, mientras se puedan seguir retrasando lo más posible? Es la hora de la siesta y es mejor guardar silencio… Apenas se oyen palabras disonantes, como en sordina: la de esos inoportunos ecologistas, que no hay nunca quien los calle, y últimamente las de un argentino afincado en Italia, a menudo vestido de blanco, que acaba de sacar una encíclica donde no deja rincón por barrer. Se está volviendo radical, comentan con desagrado algunos líderes mundiales de confesada orientación religiosa. Será cosa del calor. Pues pongamos el aire acondicionado, como mis vecinas.
ola de calor

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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