Babel

Van a hablar en lenguas en el Senado. Y menudo revuelo se ha levantado. A mí no me parece mal. Aunque creo que en vez de traductores deberían contratar profesores de idioma. Y que enseñaran a los senadores el galego, el euskera, el català, incluso el portugués. Somos muy torpes si entendemos la riqueza idiomática como una amenaza, como un factor que nos separa. Porque un Senado en el que se hablaran y se entendieran muchas lenguas sería una hermosa Babel, una oportunidad única para el acercamiento desde algo tan íntimo y tan expresivo como la lengua materna. ¿Por qué somos tan cerriles? ¿Por qué convertimos las lenguas en armas arrojadizas? Nada de traductores: profesores, y como condición para ser senador (o parlamentario, o concejal municipal) la disponibilidad para aprender del otro su cultura, sus pasiones, su lengua… Imaginen: un Senado en el que unos preguntan en euskera, y los otros contestan en galego, y algún otro insultando en català o castellano, sin pinganillos, porque todos hicieron el esfuerzo de aprender. Y si aún quedara, para entonces, algún tonto empeñado en hacer de la lengua una trinchera, se le expulsaría con escarnio, y en varios idiomas. Hasta que aprendiera. Ya les digo: a mí no me parece mal.

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Gonzalo Revilla

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