Banca ética

Después de pagar la hipoteca a la mayoría nos quedan pocos ahorrillos, sobre todo aquí en Huelva, que es la tercera ciudad de España que menos ahorra. Así y todo guardamos en los bancos una cantidad considerable. Un dinerillo del que las entidades financieras disponen libremente, y por cuyo depósito, encima, pagamos comisiones. Éste es uno de los abusos que llevo peor -¿quién no?-, y tampoco estoy de acuerdo con muchas de las decisiones que los bancos toman con el dinero de todos: a quién se lo prestan y a quién no, en qué empresas o áreas geográficas lo invierten… Es cierto que lo hacen para ganar más dinero, y suelen hacerlo de forma legal. Pero me gustaría tener una alternativa para mis ahorros que además de legal fuera moralmente justa. Y me he encontrado con que ya existen iniciativas de banca ética que plantean otro modelo de intermediación financiera, donde además del “precio” de las cosas, se tiene en cuenta su “valor social”: que una vivienda es algo más que lo que cuesta, por ejemplo. Quienes proveemos el capital para que las empresas financieras desarrollen su actividad tenemos derecho a influir en el modo en que lo hacen. Y también la posibilidad de decir: con mi dinero, no. “Pasivo” llaman al ahorro, pero no tenemos que ser así las personas ahorradoras.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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