¿Banco de alimentos?

PARA qué sirve el Banco de Alimentos? Es difícil hacerse esta pregunta cuando la miseria se apodera de muchas familias, lo más sencillo sería simpatizar y ya está. También es difícil criticar su labor cuando cuenta con la participación generosa de tanta gente, pero permítanme discrepar, que a veces abre más puertas que el seguimiento a ciegas.

En esta iniciativa entran en juego muchos actores y muchos intereses. Por un lado, las empresas distribuidoras que ceden alimentos y las superficies comerciales que brindan sus vestíbulos para las recogidas, se han apropiado de alguna manera del fructífero logotipo. No olvidemos que realmente se ofrecen excedentes de producción que de otra manera tendrían que ser procesados, y que los supermercados ofrecen solidaridad a cambio de ventas en una fantástica campaña de publicidad. Por otro lado, participan todas las administraciones, muy especialmente la UE, que aporta recursos pero también exige una profusa documentación para catalogar pobres, lo que mengua notablemente el número oficial de necesitados. Y para que toda esta infraestructura funcione participan cerca de 200.000 voluntarios, una movilización ciudadana espectacular que garantiza el éxito de la iniciativa y que ciertamente la humaniza. Muchas de esas personas, sin embargo, son conscientes de que el lote de alimentos palía en una ínfima parte las necesidades de los beneficiarios, empobrecidos a causa del desempleo y los recortes sociales, pero se sienten empujados a hacer algo, quizás seducidos por la inmediatez de la ayuda. Pero a pesar de tanta participación, a mí el Banco de Alimentos me recuerda estampas antiguas de una España que ya fue: colas de hambrientos pidiendo comida.

Quizás si esta enorme capacidad de solidaridad se volviera contra las causas, contra las instancias de poder, la estampa sería diferente. Creo que la justicia social, los derechos de los vecinos, se pelean en la puerta de los que hacen las normas, no pidiendo en las puertas de los supermercados. Y la pobreza no se combate dando comida, sino trabajo, recursos y dignidad. Economatos, bancos de tiempo, coordinadoras de vecinos, planes integrales de barrio, asociaciones de parados, nuevas formas cooperativas, sindicatos de clase, movimientos sociales, etcétera, esperan con los brazos abiertos esa movilización.

La beneficencia no transforma, sino que mantiene y señala a los pobres, y calma nuestras conciencias.lista compra

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Andrés García

voluntario de 2Orillas, participa de la columna de prensa "La otra orilla" y del programa de radio "Señales de Humo"

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