Banderas a media asta

refugiadosHemos celebrado el Día de Europa. Seguro que muy pocos de los que están leyendo esto saben que el 9 de Mayo se celebra semejante cosa. Antes había una oficina de Europa en Huelva. Desconozco si sigue existiendo. Y en cualquier caso no se qué cosa podríamos celebrar hoy día. Para sostener expresiones como “somos una comunidad de valores”, o eso de “unida en la diversidad” hay que tener barrida la casa. Y no es que podamos hablar ni mucho ni muy alto de Europa hoy.

La crisis de Siria nos ha puesto contra las cuerdas. Las instituciones han sido incapaces de dar un paso al frente y atender con un mínimo de humanidad el exilio de millones de personas que huyen de las bombas. Hemos asistido perplejos a escenas que debieron hacernos gritar. Pero dejamos que las instituciones tomaran la palabra, hicieran los discursos, enmascararan sus intereses y cerraran las fronteras aún más. Lo que está ocurriendo en Europa hoy, en pleno siglo XXI, es una vergüenza, pero esa palabra ya no significa nada, ha perdido su valor moral. No estamos avergonzados: quizás ligeramente incómodos en ocasiones. Nada más.

Es verdad que la altura moral de los ciudadanos ha estado muy por encima de las instituciones que nos representan. Ha sido gratificante ver a los bomberos ser detenidos por salvar vidas, a gentes desplazarse hasta Lesbos para conocer de primera mano la tragedia, se han convocado concentraciones, firmado manifiestos, recogido alimentos y ropa… pero la gravedad del éxodo Sirio precisaba la complicidad de las instituciones, la compasión de Europa como sociedad… y eso nunca llegó.

Y aquí estamos hoy, casi como ayer, barajando cifras ridículas de acogida en nuestros respectivos países, mientras esos inmensos campamentos acogen durante meses y meses a millones de personas vulnerando casi todos esos Derechos Humanos que juramos defender cuando acabó la Segunda Guerra Mundial. ¿Día de Europa? Más les valdría a nuestros gobernantes poner las banderas a media asta, encerrarse en esas lujosas sedes, y no salir de allí hasta no tener un acuerdo valiente e inmediato para atender a esas personas, para darles techo, para darles seguridad, para darles un futuro. Cualquier otra cosa, cualquier otro plazo que no sea ya, cualquier otra excusa, será sólo una manera de alargar nuestra vergüenza, y de descomponer Europa desde dentro, desde su mismo corazón.

Mucho me temo, sin embargo que si queda algo de Europa está en manos de los ciudadanos. Así que tendremos que ser nosotros los que demostremos que es, en realidad, eso de Europa.

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Gonzalo Revilla

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