Barreras

Una pareja que venía a pasar el puente en el hotel que Paz y Bien tiene en Cortegana, adaptado a personas con movilidad reducida, vio cómo el tren que debía llevarles estaba averiado y el autobús de sustitución carecía de plazas para sillas de ruedas, lo que les supuso un costoso trayecto en taxi. Lo más triste no es la ausencia de infraestructuras adecuadas, sino la indiferencia que suelen mostrar el resto de personas que tenemos la suerte de caminar por nuestros medios. Muchas veces es más cuestión de buena voluntad que de grandes inversiones. Es un dejar el bordillo con rebaje libre de coches, no obstaculizar las puertas o preocuparnos porque rampas o elevadores estén en uso, sin maceteros ni cajas. Simple sensibilidad. Por su parte las personas afectadas, que ya ponen mucho de su parte por salir y ser autónomas, recordarán para siempre el gesto. Un gesto, por cierto, que nos puede hacer falta mañana a cualquiera de nosotros.

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Victor Rodríguez

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