Basura Cero

Salimos a la calle más bien entrada la noche, aunque muchos ciudadanos obvien la restricción horaria, y nos acercamos a los contenedores que tengamos más cerca. Allí soltamos nuestra bolsa de basura, separada por colores o toda mezclada, dependiendo de la eco-nciencia de cada cual. Y volvemos a casa sin volver a ocuparnos de esa bolsa. Luego, de madrugada, los servicios de recogida harán su trabajo, y todas esas toneladas de basura desaparecen de nuestra vista, magia, ya no están. Nuestro eficaz y colorido sistema de recogida de residuos urbanos retira de nuestra vista toda esa basura que generamos a lo largo del día. Pero hay un pequeño detalle: no hay magia, la basura no desaparece, los residuos no se desintegran, siguen ahí, y seguirán por muchos años, aunque ya no los veamos. Y la basura se ha convertido en uno de los problemas más graves que tienen nuestra sociedades modernas. Por su volumen y por su composición.

Ya no incineramos, o no deberíamos. Pero de alguna manera hay que deshacerse de la basura. En España cada ciudadano genera al año 435 kilos de basura. Hagan las cuentas. Una parte de ella se recicla, y vuelve al circuito: compostaje, plástico, vidrio, metales… se recuperan en sofisticadas plantas de reciclaje. Una parte de ella sigue circuitos menos éticos. A saber: el lugar considerado más tóxico del planeta está en Ghana: es un inmenso vertedero de basura electrónica, basura que ha llegado allí desde el resto del mundo, de forma ilegal, enmascarada como donación de material informático o cualquier otra argucia. Ghana ni produce ni consume, pero se queda con el residuo, altamente contaminante. Y este es sólo un ejemplo de las muchas chapuzas que se hacen para mandar lo más lejos posible la basura que generamos.

Hoy se celebra el Día del Reciclaje. Sin duda hemos avanzado en estos últimos años. Pero el problema está en otro lado: consumimos de manera ilógica, llevamos a casa a diario muchos embalajes, bolsas, bricks, objetos, aparatos… que no necesitamos, absolutamente prescindibles. Es ahí dónde podemos intervenir con eficacia: evitando generar el residuo. Y hay fórmulas: comprar a granel, renunciar a los embalajes, a las bolsas de plásticos, usar envases duraderos… con el objetivo de que nuestra bolsa de basura sea cada vez más pequeña. Hay incluso iniciativas ambiciosas que promueven el objetivo de “basura cero”, que no haya que sacar ningún residuo de casa. Y es posible, por difícil que nos parezca a primera vista.

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Gonzalo Revilla

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