Bebé-solidaridad

Entre todas las reacciones que ha suscitado el nacimiento de Javier, el niño que podrá curar la grave enfermedad de su hermano, ninguna me parece más sensata que esta opinión de un experto en Bioética: lo ético, en este caso, es no hacer un problema ético, dice él, que algo sabrá del tema. Javier es fruto del amor y del avance de la ciencia, y en cualquier caso sus padres tienen legítimo derecho a procurar lo mejor para su familia: ¿dónde está el problema? Si alguna palabra evoca este nacimiento es solidaridad, y por eso duele más que los obispos hayan hablado de un “bebé-medicamento”, con ese desprecio de las etiquetas rápidas hacia esta historia de sufrimiento y esperanza. Duele, sí, que entre todas las palabras gruesas nadie, desde la Iglesia oficial, se haya alegrado porque un niño de seis años sanará de una enfermedad terrible. Duele que sus argumentos y hasta su lenguaje esté cada vez más lejos de la vida, de las angustias y las expectativas de la gente. En Huelva ya hay familias que esperan el nacimiento de bebés seleccionados genéticamente, y nos alegraremos cuando esto suceda. Ojalá la iglesia onubense también lo haga.

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Mª Angeles Pastor Alonso

Columnista de "La otra orilla", colaboradora en "Señales de Humo" y pieza en construcción de varios puzzles. Para completar da clases de Lengua.

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