Beber agua y pedir pan

Recibimos un montón de propuestas “de acción” a través de internet, para salvar ballenas o focas, o para evitar la tortura de alguien, una ejecución o un bombardeo… Hoy recibí una de esas cadenas de wasap que invitaba a exclamar, cada vez que bebiéramos un vaso de agua, algo así como “el mundo está en paz y yo también”, con el argumento de que cambiar de mentalidad es el primer paso para cambiar el mundo. Vale. Puede que sea así, y puede también que muchas de esas campañas de recogidas de firmas consigan su objetivo. Pero a cambio…

A cambio tenemos una sociedad cada vez más desmovilizada, a la que han convencido de que poco o nada puede hacerse por cambiar el orden establecido, y que además ese poco lo podemos hacer desde el sofá de casa, con un simple click. En media hora podemos apoyar una treintena de acciones sin duda justas. Ciberprotestamos sin apenas información de lo que reclamamos, porque sería demasiado dolor, demasiada injusticia… así que en dos renglones nos hacemos una idea y… click!

Desmovilizados es como nos quieren. La supuesta eficacia que nos ofrecen las redes sociales a la hora de ponernos en contacto, de informarnos, de demandar, han exigido un pago muy alto: han dinamitado la acción colectiva, han inculcado una visión individualista de la militancia política, en la que no necesitamos conocer al que lucha por lo mismo que yo, ni debatir, ni construir colectivamente el discurso y la acción, sólo yo. Y al final terminamos creyendo que imaginando un mundo en paz mientras damos sorbos al agua esa paz llegará, por una especie de corriente mágica que atravesará el mundo y derrumbará los inmensos intereses que hay alrededor de la empresa armamentística. Permitan que lo dude. Pero eso no va a pasar.

Revertir el orden establecido, conseguir un mundo en paz, repartir la riqueza, conseguir relaciones de igualdad… todo eso exige un discurso sólido que no se resume en 140 caracteres, una acción política que no se improvisa en un icono, un trabajo colectivo que es inviable escondidos tras alias y perfiles. Exige trabajo, constancia, convencimientos, estructuras, personas físicas y mucho tiempo. Nada será para mañana. Nada de lo que se construye en la nube trascenderá a la vida real, entre otras cosas porque la nube no es más que una parte de ese sistema que queremos revertir. Y está diseñado para defenderse, no para autodestruirse

Así que demos sorbos de agua pidiendo paz. Pero bajemos luego a la calle a trabajar por esa paz, encontremos gente que piense lo mismo, hagamos acciones reales que transformen, organicemonos, y generemos acción sociopolítica de carne y hueso. No de humo.

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Gonzalo Revilla

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