Bebés robados

Una paradoja: en los años 80 un puñado de denuncias por “robo de bebés” llegaron a prosperar, implicando la condena de alguna religiosa y personal de clínicas, hospitales y centros asistenciales. Sin embargo, a partir de 2010, las asociaciones de afectados por el robo de bebés calculan que se han presentado cerca de 3.000 denuncias en juzgados de toda España y, pese a semejante avalancha, ni una sola ha prosperado.

Un suceso así parece digno de ocupar un espacio para alguno de esos programas que investigan casos paranormales. “¿Ni una sola persona implicada? ¿Nada de nada? ¿Dónde están las pruebas?”, diría el presentador. Pero no es un tema para frivolizar. El drama por el que pasaron madres y padres de unas criaturas que les eran arrebatados sin miramientos para hacer negocio de la necesidad no permite ni bromas ni teorías paranoides.

Los documentos, los rastros, las pruebas que pudieran encausar a los implicados han podido desaparecer, pero están los testimonios de víctimas y testigos y no investigar todo esto añade una nueva agresión a la situación por la que han pasado. Ya es duro pensar que personas que debían haberte cuidado, que tenían la obligación de protegerte, de acompañarte… transformaran la alegría de tener una hija o un hijo en un drama que escondía otro drama: una muerte que realmente era un secuestro. Pero ahora, cuando se abría la esperanza, cuando parecía que todo eso se iba a investigar resulta que se encuentran con este nuevo desamparo.

¿Entre 3.000 casos denunciados en 175 hospitales, clínicas, casas cuna y residencias de todas las comunidades autónomas no había ninguna prueba, ningún hilo del que tirar? ¿Ninguna institución desde la ONU hasta las administraciones locales pasando por los gobiernos, la administración de Justicia, los Defensores del Pueblo encuentra motivos para investigar algo así? Parece que así es, que los únicos interesados en investigar son los propios afectados y esto lo único que alimenta es la proliferación de teoría conspiratorias de todo tipo.

“Quitábamos de media un niño al mes en cada hospital” ha confesado una persona implicada supuestamente en la trama de secuestro y venta de niños. Y no sólo es cuestión de que se investigue, la administración tiene la obligación de acompañar a todas esas familias que sospechan que les robaron a sus hijos: estar con ellos, dotar de recursos, de personal que las acompañen. No les dejen solos.

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Javier Rodríguez

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