Becas y clases

AYER me desperté escuchando que el acceso a una beca general universitaria exigiría una nota media de 6,5. Según el ministroWert, sería fundamental para mantener la equidad y para garantizar que no se pierda tiempo en itinerarios educativos improductivos. Inmediatamente recordé mis años de universitario y caí en la cuenta de que nuestro sistema universitario no es para nada desigual ni tampoco se caracteriza por su inutilidad. Además ha conseguido que más del 65% de los jóvenes superen el nivel de estudios de sus progenitores (recordemos de dónde venimos). En fin, que acabé desayunando algo más indignado y preguntándome cuáles eran las verdaderas motivaciones para tanto ajuste vertical y qué consecuencias tendrá tanta agresión contra los que menos tienen.

La nueva reforma educativa y las medidas que la acompañan pretenden imponer un modelo ideológico basado en principios neoliberales y ultracatólicos con la excusa de la crisis, reorientando el flujo económico en sentido contrario a la salvaguarda de la igualdad. De esta manera, el resultado anunciado por la mayoría de actores implicados en el sector educativo parece acertado: sólo podrán estudiar los elegidos. La instrumentalización que se pretende hacer de las becas universitarias va en esa dirección, y aún más la eliminación anunciada de las becas de movilidad o Séneca, un atentado evidente contra la igualdad de oportunidades. Como vemos, una concepción clasista del alumnado y un suma y sigue en la pretensiones de la oligarquía económica: educación elitista, planes de pensiones, sanidad privada, etc. No será raro, por tanto, toparse pronto con titulares del tipo: “¡Se encarniza la guerra de clases!”. Un análisis del diario marxista americano Low-Wage Capitalism dice que esta situación de agresión continuada socavará inevitablemente los cimientos de la estabilidad social y hará renacer una solidaridad de clase internacional contraria al imperialismo economicista. ¿Optimista el análisis? A la luz de las constantes muestras de indignación en todo el mundo, parece probable.

Puedo cerrar especulando sobre cómo la reforma educativa y la gestión de las becas añade una gota más al caldero de la toma de conciencia de clase de una gran parte de la población, y que gente como el señor Wert pueden estar propiciando las condiciones para hacer frente a la actual crisis capitalista. Y quizás no esté muy desacertado.

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Andrés García

voluntario de 2Orillas, participa de la columna de prensa "La otra orilla" y del programa de radio "Señales de Humo"

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