Bellotas o petróleo

Si a mi bisabuelo le dijera que por esos encinares, olivares y huertas va a pasar un oleoducto, no me entendería. Esos encinares, olivares y huertas daban, en la época de mi bisabuelo, esencialmente lo que hacía falta para vivir, que, a decir verdad, también era básico y austero. Que si frutas, verduras y hortalizas, corcho, la uva para el vino, la leña para calentarse, las aceitunas de las que se sacaba el aceite y el trigo con cuya harina se hacía el pan. También los animales que luego daban la carne y las chacinas que consolidaban la dieta. Se puede decir que la persona se sentía perteneciente a su entorno, que cuidaba, y éste le devolvía lo necesario para vivir. Incluso la seda, el lino, el algodón y la lana con la
que se vestían salía de aquellos campos.

Mi bisabuelo no entendería que se desaprovechara una tierra tan fértil, que dejara de valorarse lo rural como forma de vida, y que se prefiriera, en su lugar, instalar una macrotubería llamada oleoducto para llevar petróleo a una refinería al sur de Extremadura.

Es incomprensible este nuevo Plan Badajoz industrial que recuerda a los tiempos de Franco, no es ni lógico ni viable
instalar industria en el corazón de dehesas, porque sólo traerá beneficios a corto plazo (el petróleo es también una especie en extinción), y dañará irremediablemente todo lo demás. ¿Es que no se les ocurren más alternativas? A mí sí.

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Javier Rodríguez

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