Beturia

Entre chaparrón y chaparrón, durante este puente he estado paseando por el Andévalo, lugar que me encanta porque se aleja de muchas de las cosas que ahora nos sobran: prisas, ruidos, aglomeraciones. Es una especie de tundra onubense sin nada, que es donde está su encanto. Pero esa nada es la que lo engulle y lo empobrece porque, después de tantos planes, aun no se ha conseguido el desarrollo que necesita. La iniciativa del parque natural de Beturia, alrededor del Guadiana, ha encontrado fieros defensores del no, antes incluso de analizar los matices a un proyecto que protegería y potenciaría su endemismo histórico, natural, patrimonial o paisajístico. Si ya sobra de todo en casi todos los sitios, y en tantos años aún nadie encontró El dorado prometido, entonces no queda mucho margen. Otros ya saben lo que es vivir de sus nadas, como los almerienses del Desierto de Tabernas. ¿No será el {ser como se es} el verdadero atractivo?

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Victor Rodríguez

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