Blindar nuestro futuro

En una wiki de un grupo de trabajo del 15M se encuentra publicada una lista de las privatizaciones desarrolladas en España en los últimos años y las que están en proceso, y sinceramente asusta mirar hacia atrás o hacia adelante. Telefónica, Repsol y Campsa, Argentaria, Altos Hornos, Astilleros, Iberia… todas fueron, recordemos, empresas públicas españolas. Monopolios anticuados del régimen franquista sufrieron en los primeros años de la democracia una ingente inversión para adaptarlas al marco europeo y hacerlas competitivas, pero una vez modernizadas fueron vendidas. Desde que España entra en la antigua Comunidad Económica comienza una suerte de privatizaciones, con la eterna excusa de la disminución del déficit, que aún no ha acabado. Curiosamente de los viejos monopolios sólo nos queda Renfe, el que más tiempo ha tardado en ser eficiente por una red mal diseñada y la competencia de las autopistas. Visto el panorama y las tendencias, no es torpe temer entonces por las empresas públicas que aún quedan: nuestra sanidad, nuestra educación o nuestros sistemas de protección, y hay que preguntarse en voz alta ¿por qué hay tanta fiebre privatizadora? ¿a quién beneficia?

Es lícito pensar, y más viviendo en un estado de corrupción generalizada, que alguien saca “tajada” de todas estas privatizaciones, y que la ideología ultraliberal que aparentemente hay detrás es sólo una cortina de humo: para esta acusación sólo basta con mirar hacia atrás. Empiezo señalando a los lobby económicos que después gestionan los servicios o se quedan con las empresas, son los principales beneficiarios de la venta o alquiler de serviciospatrimonio. Agrupaciones capaces de acudir a cualquier instancia política para conseguir liberalizaciones o una buena posición en las subastas; vemos aquí el inicio de muchas corruptelas. Continuo señalando a gestores públicos con ganas de atravesar alguna puerta giratoria (otro paso en las corruptelas). Y también incluyo entre los que sacan beneficio a aquellos ayuntamientos en ruinas con una necesidad imperiosa de crédito (¿nos suena en Huelva?) En general, sacan beneficios unos cuantos, y además toda privatización puede ser el inicio de una experiencia fraudulenta. Pero hasta ahora nadie ha podido demostrar que se beneficie la ciudadanía, ni en creación de empleo ni en mejora de los servicios, y nadie puede negar la evidente pérdida de patrimonio y de futuro. Entonces, ¿deberíamos legislar en contra de toda privatización?

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Andrés García

voluntario de 2Orillas, participa de la columna de prensa "La otra orilla" y del programa de radio "Señales de Humo"

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1 Response

  1. joaquinromero@telefonica.net' Joaquín dice:

    A la última pregunta sólo hay una respuesta: ¡NO MÁS PRIVATIZACIONES! ¿Por qué no le preguntamos a los que viven en la calle qué les parece esto? ¿O es que acaso alguna vez han privatizado algo para hacer justicia con ellos? ¿Acaso alguien ha privatizado algo para que estas personas también tengan el derecho constitucional a la vivienda? ¿Por qué no les explicamos a los que están “sobreviviendo y malviviendo” en el paro que se privatizan las empresas, pero ellos siguen estando en el paro y sin nada con que alimentar a sus familias? Vamos a hablar muy claro: NO ES POSIBLE UNA SOCIEDAD QUE NO CONSTRUYE COMUNIDAD Y ES PUEBLO DE TODOS. Un saludote.

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