Bolivia, logros de un modelo de cambio: La nueva lógica de la salud popular

Nila Heredia es médico cirujana, internista, especialista en salud comunitaria y profesora de la Universidad de La Paz. Desde inicios del 2006 hasta enero del 2008 se desempeñó como Ministro de Salud del Gobierno de Evo Morales, participando previamente en la elaboración del programa que enarboló el Movimiento Al Socialismo (MAS) de cara a las elecciones de diciembre del 2005. En los años setenta integró las filas de la izquierda guevarista boliviana (el Ejército de Liberación Nacional), duramente reprimida durante la dictadura militar. Emprendió luego el camino del exilio a Perú. A su regreso a Bolivia realizó un intenso trabajo con los movimientos sociales, sindicales y de derechos humanos. P: Usted se desempeñó durante dos años, hasta enero del 2008, como Ministro de Salud del Gobierno boliviano. ¿Cómo se encontraba el sistema de salud cuando usted asumió su cargo a inicios del 2006?

R: Es importante recordar que Bolivia tiene los indicadores de salud, en términos de mortalidad materna e infantil y en cuanto a la esperanza de vida, entre los más deficientes de todo el continente, apenas por detrás de Haití. Además, como en toda América Latina, nuestro país ha sufrido los efectos del programa de reforma estructural ejecutado según las indicaciones del Banco Mundial (BM), uno de cuyos objetivos es el de reducir al máximo el aparato del Estado –bajo el pretexto de ineficiencia y corrupción- y la privatización de los servicios públicos, incluida la salud.

P: ¿Qué repercusión concreta tuvo ese lineamiento en la salud pública?

R: El presupuesto del Ministerio de Salud era muy pequeño y lo esencial de su trabajo se realizaba a partir de los préstamos del BM y del Banco Interamericano de Desarrollo. Existía, entonces, especie de ministerios paralelos que rendían cuentas directamente a esos organismos. Los programas se impulsaban en función de los Objetivos del Milenio de Naciones Unidas, que si bien es cierto constituyen un marco importante, no pueden reducir todo el trabajo en un país específico como el nuestro. En síntesis, nuestro Ministerio tenía muy poco a decir en esos planes impulsados desde afuera y canalizados a través de ciertas ONG internacionales y entidades.

P: ¿Qué proponían dichos programas para, justamente, mejorar el nivel de salud de la población?

R: Por ejemplo, para reducir la mortalidad materna, el programa preveía mejorar las infraestructuras hospitalarias y formar el personal para los partos en esos centros.
Pero tal propuesta no funcionaba realmente a nivel nacional por 2 razones: había que pagar esos servicios y no beneficiaba a las mujeres que corrían más riesgo, es decir las que viven en la campaña, lejos de los centros urbanos. Era un programa muy intervencionista. ¡Una mujer de la zona rural no se desviste ni siquiera delante de su marido. Mucho menos va a ir al hospital para dar a luz!

P: ¿Cuáles fueron sus prioridades durante los 2 años que estuvo al frente del ministerio?

R: Estructuramos el trabajo a partir de un Plan Nacional que se apoya en cuatro pilares principales y que fueron retomados en línea general en el texto de la nueva Constitución de la República. Abolir la exclusión social desarrollando un modelo de salud familiar, comunitario e intercultural. Aumentar los años de vida saludable, especialmente a partir del programa de desnutrición cero. Favorecer y desarrollar la participación ciudadana. Y recuperar el poder de gestión y de dirección del sistema de salud (ver cuadrito).

P: ¿Cuáles fueron las principales dificultades encontradas?

R: En primer lugar, el discurso universitario en nuestro país es muy academicista, alejado de la realidad y con una visión centrada en la lógica mercantil del provecho.
Por otra parte, si bien logramos recuperar la dirección del sistema de salud, los directores departamentales son designados por los prefectos, entre los cuales 6 – de los 9 que hay a nivel nacional- son opositores a Evo Morales. Hecho que limita nuestra acción, especialmente en los momentos de polarización económico-social como el actual.

P: En conclusión…

R: Se puede decir que pasamos de una salud señorial, elitista, con una muy débil capacidad de dirección por parte del Estado a una salud basada en la promoción y participación popular con un programa nacional coherente.

*Entrevista realizada en La Paz, Bolivia

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