Cabalgando en la opulencia

Es curioso cómo se han disparado las cabalgatas de Reyes Magos en barrios y zonas residenciales. Cada uno quiere sus propios magos repartiendo caramelos, juguetes y mucha felicidad de consumo. En fin, una de esas cosas absurdas que inventamos y repetimos, a pesar de la poca aceptación y lo cutres que discurren. No hacemos más que replicar usos de consumo que pretenden hacernos felices, sin caer en la cuenta de lo efímero de sus beneficios y de las funestas consecuencias que tienen. Si maleducamos a nuestros hijos acostumbrándolos al exceso, como ocurre con los regalos del día de reyes, entenderemos que después no sepan relacionarse con el mundo “sin cosas”. Sí malentendemos los encuentros amistosos y familiares convirtiéndolos en opíparas demostraciones gastronómicas, echaremos después en falta naturalidad y calidez en nuestras relaciones. Es necesario repensar lo que hacemos, y por qué lo hacemos, sin miedo a discrepar. No olvidemos que toda acción tiene su reacción, y cabalgar en la opulencia acarrea consecuencias medioambientales, educacionales, relacionales, sociales… de difícil justificación racional. ¿Descabalgamos?

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Andrés García

voluntario de 2Orillas, participa de la columna de prensa "La otra orilla" y del programa de radio "Señales de Humo"

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