Cadena insumisa

En el año 2000 una película -Cadena de Favores- proponía una dinámica con la que cambiar el mundo: “Este soy yo y estas son tres personas a las que voy a ayudar. Ellas harán lo mismo por otras tres personas más…” decía un niño en un diálogo de la película que pretendía insistir en que pequeñas ideas pueden llegar muy lejos. De que nuestros actos pueden transformar lo que tenemos alrededor.

Hagamos eso.

Ya tenemos un diagnóstico de la situación de la sociedad, de la economía, de la política. Sabemos eso de que un 1% está intentando quedarse con todo teniendo en frente a un 99%. Sabemos que los mercaderes dictan las normas al FMI, que este se las dicta al Banco Central Europeo, que este se las dicta a Ángela Merkel, que esta se las dicta al presidente de la comisión europea, que se las dicta a Rajoy que se las dicta a sus ministros que se las dictan a Griñán y Valderas y así sucesivamente hasta llegar al cerrajero que cambia las llaves a la puerta de la vivienda desahuciada o el funcionario que estampa el sello en la denegación del tratamiento al sufrido ciudadano.
Hagamos una cadena insumisa. Si la política genocida del capitalismo funciona es gracias a la sumisión de los que sufren sus consecuencias, igual que lo de los campos de concentración se nutrían del miedo y la obediencia ciega de todos los que no supieron decir: NO. Es la misma historia, podemos estar lamentándonos, protestando mientras el tiempo pasa sin que nada cambie.

O podemos empezar a participar en la cadena insumisa que ya está en marcha. Lo han hecho más de la mitad de los directores de los centros de salud de Madrid acompañados por otros gestores que presentaron su dimisión ante el plan de privatización de la Comunidad, lo hicieron los cerrajeros de Pamplona y algunas otras ciudades, lo han hecho cientos de catalanes negándose a pagar el peaje en las autopistas, farmacéuticos que no aplican el euro por receta, funcionarios de justicia que no aplican las tasas…

A lo mejor algo cambiaría, sería como una gran cadena de favores que nos haríamos unos a otros y sería un mensaje que obligaría a ir desobedeciendo: el funcionario al jefe, el jefe al delegado, el delegado al consejero, el consejero al presidente, el presidente al otro presidente y así sucesivamente. Sería otra forma de hacer lo que plantea la película: “cambiar las cosas del mundo que no nos gustan y darles la vuelta del todo”.

Cadena de favores from María Siglo on Vimeo.

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Javier Rodríguez

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