Caquitas

Se construyó un parque en el Higueral, no por voluntad política, sino porque los vecinos se empeñaron, se manifestaron, se concentraron, … Se construyó, por tanto, un parque en el que el ayuntamiento no demostró poner mucho interés y paseándose por él uno descubre muchas pruebas de ello. La última, el siguiente despropósito: se colocan carteles que prohíben soltar perros, alguien quita los carteles, lo que provoca que nadie puede sancionar una conducta tan poco cívica como la de alicatar el suelo del parque con caquitas de perro suelto que los dueños “olvidan” retirar, el ayuntamiento se niega a volver a colocar los carteles con el poderoso argumento de que “total, si los van a volver a quitar” que invita al vandalismo sin ningún rubor: total para qué colocar contenedores, si los pueden quemar, semáforos si la gente se los va a saltar o flores adornando la Plaza de las Monjas si las van a arrancar. El resultado: una de las escasas zonas verdes de la ciudad convertida en “zona de descargas” de canes de toda la ciudad. Que tienen los animales derecho a hacerlo, pero, a ser posible, que no sea donde luego uno pasea con los niños.

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Javier Rodríguez

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