Cara de Popeye

Cuando voy a reñirle me pone cara de Popeye y, que quieren que les diga, me pone difícil mantener la compostura. El otro día me vio agobiado, me agarró la mano y me la besó pidiendome que no estuviera triste. Ahora mismo acaba de subirse a mis piernas y no deja que siga escribiendoles. Y no deja que me vaya nunca de casa sin que le de un abrazo. Imagino que a ustedes no les impresionarán demasiado estas cosas, a mí, en cambio, me cambian el estado de ánimo, porque él es mi hijo y hoy hace tres años que nació. Él y su hermano dan sentido a la búsqueda de una ciudad con un aire más respirable, de un país sin tantas alambradas y rejas. Siempre se dice, uno quiere lo mejor para sus hijos, quiere dejarles la mejor de las herencias y sufre con la temperatura que tendrá el planeta, si sigue subiendo, cuando sean adultos o con los conflictos armados que se avecinan. Para comprar casas hay quien se hipoteca hasta cincuenta años, para tener el estilo de vida que tenemos nos estamos hipotecando por siglos; los recibos se los estamos cargando a nuestros hijos y a nuestros nietos. Hoy debía hablarles de la cabeza de Zidane, pero es que viendo llegar a Iñaki comiendose un helado de chocolate con la cara llena de churretes me acordé de su cumpleaños y de que tengo que hacerle un regalo, de Zidane ya les habló Andrés ayer.

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Javier Rodríguez

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