Carrera

Ha empezado la carrera electoral, lo que acentúa durante quince días ese
estado de campaña permanente en el que parece habitan los representantes
públicos. A algunos les puede generar pereza, hastío o indiferencia; por
algo la clase política y los políticos se han convertido en la tercera
principal preocupación de los españoles, tras el paro y la economía, según
el CIS. Y es que las campañas electorales se siguen diseñando como si
fueran espectáculo, pero venido a menos, como ese Rock´in´Ríos de mitad de
los ochenta, que llenaba polideportivos. Los carteles no evolucionan, como
tampoco los eslóganes, las poses y esos clásicos como repartir folletos en
la plaza o el mercadillo de los viernes.

Recuerdo cuando empezó la crisis, año 2008, cuando se hablaba de refundar
el capitalismo y generar un nuevo espacio de intercambio económico, algo
de lo que por cierto no se ha vuelto a hablar, puesto que se sigue
reformando para que nadie cambie. A la política le pasa algo parecido, no
se ha enterado de que la ciudadanía no confía en sus propuestas, porque
son viejas conocidas: que hacen dudar de ese cambio, ese progreso, esos
puentes a Punta, ese tranvía, esa recuperación de los fosfoyesos, ese,
ese, ese. Definitivamente creo que nos toman por ignorantes y además se
permiten mantener esa imagen de dominio de la situación. Con un político
es difícil sentarse y que te hable con franqueza, difícilmente te
escuchará y, como los operadores de telefonía te intentará vender su
producto, aunque llames para reclamar un abuso en la factura.

Alguien podría pensar que la clase política es como el estamento arbitral,
todo el mundo los critica e insulta, pero si te vieras en su pellejo
comprenderías lo difícil que es pitar un penalti o fuera de juego. Que no
debe ser nada fácil administrar recursos públicos, legislar o prever lo
que viene. Lo que pasa es que en los últimos años han hecho, de su
servicio público, profesión rentable.

El ruido hortera de la campaña pretende anular otras voces sobre la
administración de la cosa pública. Uno de ellos nos llama a la
movilización el 15 de Mayo, simultáneamente en toda España, y se llama
“Democracia real Ya”, donde se pide una reorientación de las políticas
públicas hacia el interés general. Mucho interés habrá de silenciarla,
ridiculizarla o directamente ignorarla. Si hay algo que no soporta el
actual político es que le paren por la calle y el ciudadano le responda
con un argumento bien construido sobre el desacuerdo con las medidas
adoptadas, enseguida acelerará el paso y se perderá en el tumulto de las
pegatinas y las flores. Pidámosles que sean ejemplo, que cumplan primero,
para que empecemos a creerles. Y, mientras tanto, organicémonos, al final
ellos dependen de nuestros votos.

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Victor Rodríguez

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