Carta de Helen

Hola me llamo Helen, soy nigeriana y llevo 12 años en este país. Hablo un castellano casi perfecto, con algo de deje castizo. De mis 12 años en España, 10 los he pasado acompañando ancianas enfermas y desamparadas, sin familiares que se encargaran de ellas, llorando todas sus muertes. Ahora estoy desempleada y bueno, algo más,
esclavo
estoy desesperada, me quieren expulsar de España por no haber podido renovar mi permiso de trabajo en los dos últimos años, no sé qué hacer, estoy desesperada, ayúdeme…
¿Se han preguntado alguna vez cuánto bien ha hecho esta mujer aquí? Y más, ¿alguien le negaría un estatus de nacionalidad española a quien ha dignificado los últimos días de muchas de nuestras ancianas? Pues que sepan que sí, que a Helen sí, para el sistema sobra, incluso sobra con una hoja de servicios intachable, da igual, sobra.
Muchos subsaharianos dejan a su familia a miles de kilómetros y se juegan la vida para llegar aquí. Andando, en barco, como polizones, humillados por intermediarios. El premio para los que sobreviven es enfrentarse con la explotación y el desaire, trabajando la mejor de las veces por un miserable jornal. Aun así, muchas consiguieron durante la década pasada encontrar un lugar junto a nosotros, un espacio de trabajo e inclusión, pero repito, ahora sobran para el sistema. Con el pretexto de la crisis propios y extraños han quedado relegados al margen, expulsados, y con ellos toda esa savia humana que llegó para ser con nosotros, para contagiarnos de juventud y sobre todo: de futuro.
Halen nos reclama una solución urgente, y al igual que ella muchos otros, migrantes y lugareños hospitalarios. Habrá que aprovechar la fuerza de la inmigración y no criminalizarla, dejar de perseguirla. Habrá que aprender de ese empaque tan optimista que nos traen los que vienen de fuera a pesar de las dificultades, buscando dónde está la fuerza que les hace superar desiertos y mares. Habrá que oponerse a cualquier propuesta de xenófobos asustados y, sin ambages, tenemos que salvar la hospitalidad como titula una campaña impulsada desde hace años por organizaciones sociales en todo el país.
Pero sobre todo, habrá que darse la vuelta y mirar hasta el fondo:
Pertenezco a la generación que ha de vencer  e intenta abrir nuevos caminos  sobre el mundo. No paro ni me canso; ni me asusto; ni tan siquiera grito; las voces que el silencio enronqueció.  Nací igual que un mensaje con raíces en todos los continentes… este fragmento pertenece a una poesía de Fernando Costa Andrade, un poeta africano, y parece recoger el impulso de una generación de jóvenes africanos que, como Helen, han venido a darnos vida.

 

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Andrés García

voluntario de 2Orillas, participa de la columna de prensa "La otra orilla" y del programa de radio "Señales de Humo"

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