Casas de plástico

Me contaba un compañero que para pasar la noche del camino del Rocío su grupo de amigos alquilaban un módulo de esos prefabricados que se usan en las oficinas de las obras para estar más cómodos, sin humedad y más calientes. El camión de la empresa de alquiler te lo lleva al sitio que quieras y ya está. La idea no era más que una pequeña decisión más en el trajín de una Romería, contada con la insignificancia de quien tiene casa y quiere seguir viviendo como en casa aunque esté en mitad del campo. Esa misma lógica la deberíamos aplicar para todas las personas: lo normal es tener una casa y quien no la tiene hay que ayudarle para que la consiga, un derecho humano básico, la puerta para la vida digna y la integración social de personas con sus familias, sus historias y el anhelo de salir de la miseria a través del trabajo como medio de vida. En la provincia de Huelva trabajan muchos temporeros en las recolecciones de los frutos, algunos pueden vivir en las propias fincas con alojamientos habilitados y hay otros que no. Esos que se quedan al margen y que no son pocos, se ven obligados a improvisar campamentos con los plásticos, pallets y bidones desechados, una inmundicia, una vergüenza, un escándalo situado alrededor de los municipios donde el trabajo es más abundante (y también la riqueza). El mes de mayo ha sido inusualmente lluvioso, y ahí han estado cobijadas esas personas, ahora llega el calor y allí permanecerán. Acabamos de vivir el enésimo incendio de un poblado, esta vez con heridos graves por quemaduras. Y mientras, las Administraciones con sus mesas contra el chabolismo y ese ping pong tan suyo de escurrir la responsabilidad, no consiguen acabar con este serio problema.  Parece ser que lo que es fácil para una peña rociera, tener un techo donde resguardarse en una noche fría y húmeda en las arenas, es muy difícil para todos esos que se benefician del fruto y del trabajo. Puede que nos acostumbremos a tenerlas al lado, que hagamos como si no estuvieran, incluso que nos preocupe mucho el resultado de nuestro equipo de fútbol mientras las estamos viendo delante del estadio en un sábado de frío, viento y lluvia, pero no por mucho verlas podremos soportar ese monumento a la injusticia sin que se nos caiga la cara de vergüenza. Ni efecto llamada ni nada, no hay una voluntad clara de acabar con este tema. ¿Puede una casa ser de plástico?

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Victor Rodríguez

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