Cauces o diques

Ayer las Plataformas de Afectados por las Hipotecas (PAH) celebraron un triunfo. Y es que la Iniciativa Legislativa Popular (más siglas: ILP) para la Dación en Pago era admitida a trámite. Es sólo una victoria parcial, el Partido Popular sigue negando la mayor, y posiblemente busque tiempo para tumbarla en otro momento, cuando la presión popular sea menor, cuando algún otro asunto acapare el interés de la ciudadanía, cuando los focos se retiren. Pero de momento ha sido admitida a trámite y eso es lo que importa, porque demuestra que la movilización ciudadana sirve. Ha costado recoger las firmas, se hizo con un gran esfuerzo, folio a folio hasta completar un millón y medio de firmas. Luego hubo que combatir y conjurar la amenaza del PP de no admitirla a trámite, en un ejercicio de desprecio a la ciudadanía organizada. Y se consiguió. Enhorabuena.

Queda una lección: es posible dar pasos, dentro del marco democrático, para evitar los desmanes del capitalismo financiero. No soy demasiado optimista en esta cuestión: es evidente que el margen de maniobra es muy limitado, y que habrá rupturas inevitables si se quiere una democracia real. Pero los márgenes que existen tenemos que explorarlos y habitarlos. Nos estamos jugando mucho: si la ciudadanía asume el discurso derrotista del “no hay nada que hacer” estaremos en el filo de la navaja, entre la apatía y el abandono de la participación, de la poca participación que queda; y la violencia como vértice de la rabia contenida. Ambas partes de la navaja nos ofrecen una sociedad poco habitable, un sitio en el que no queremos estar, un horizonte feo y frío.

En ocasiones parece que la clase política-financiera juega con la paciencia de la sociedad, con una peligrosa confianza en que dicha paciencia es infinita, que la gente aguantará los golpes que ellos crean oportunos. Quisiera pensar que tienen razones fundadas para actuar así, pero más bien parecen inconscientes, niños jugando con fuego, como si no les importaran las consecuencias. Las últimas manifestaciones en Madrid son una metáfora de lo que estamos experimentando como sociedad: se intenta entrar por una calle, aparece una muralla de furgones policiales, y se busca otra calle para seguir, de nuevo los furgones, de nuevo buscando calles por las que transitar. Pues lo mismo en las luchas ciudadanas: se van inventando nuevas formas de participación, cuidadosamente dinamitadas por el sistema, y se reinventan, tratando de canalizar una indignación que necesita cauces. Para no reventar. Si pretenden cerrar todas las salidas posibles a esta indignación deberán asumir también su parte de responsabilidad cuando los diques salten por los aires.

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Gonzalo Revilla

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